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Los nocivos cultivos transgénicos

domingo, 5 de julio de 2009
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Monsanto, el pacto con el diablo ! - 05/07/2009


Sojistán
Desde que existe la agricultura, los agricultores han hecho esto: guardar semillas de una cosecha para usarlas en la cosecha siguiente. Todo cambió cuando ciertas empresas multinacionales, con Monsanto a la cabeza, patentaron algunas plantas, como la soja o el maíz transgénico. Quien planta soja la transgénica Roundup Ready no puede guardar semillas para la próxima cosecha sin pagarle a Monsanto, que así se convierte en propietaria de una variedad vegetal. Viene a ser un caso de privatización de la naturaleza -y socialización de su contaminación-.

Ese peculiar tipo de patente plantea un problema: ¿qué pasa si las variedades transgénicas desplazan a las demás? En el Canadá, un agricultor que no cultivaba OGMs (organismos genéticamente modificados) tenía vecinos que sí los cultivaban; los de los vecinos invadieron su campo. ¿Lo indemnizaron? No, él tuvo que pagarle a Monsanto por "usar" la variedad OGM. En México, cuna del maíz, las variedades nativas se ven invadidas por la transgénica. En esto resulta esclarecedor el libro de Marie-Monique Robin, El mundo según Monsanto, que deberían leer los del tractorazo.

En ese libro, Robin menciona los cultivos de soja transgénica en la Argentina, Paraguay y Brasil. La soja transgénica entró en la Argentina con una propaganda engañosa. Desde la Argentina, y de contrabando, pasó al Paraguay y el Brasil, donde se cultiva la variedad llamada Roundup Ready, hecha para resistir el pesticida llamado Roundup. Ese pesticida contiene como sustancia activa el glifosato, cuya fórmula se conoce, y una sustancia llamada surfactante cuya fórmula no se conoce, por ser secreto comercial de Monsanto. El uso del Roundup se aprobó porque (según ciertos estudios) el glifosato puro no es peligroso para la salud. Estudios posteriores mostraron que, aunque el glifosato puro no fuera peligroso, si lo era el surfactante, pero se prefirió ignorarlos.

Hay más. Estudios recientes demuestran que también el glifosato es altamente nocivo para la salud. Es interesante el artículo de Página 12, "El glifosato estimula la muerte de las células de embriones humanos" (21/6/09). Se trata de una entrevista a Gilles Eric Seralini, profesor de la Universidad de Caen (Francia). Las investigaciones de Seralini muestran que el glifosato produce cáncer, malformaciones, abortos, problemas hormonales y genitales. Monsanto declaró que el Roundup no se usaba para eso. Es cierto, pero el Roundup es contaminador del agua subterránea y de la superficie; al tomarla, animales y personas pueden sufrir esas consecuencias. Declaró también que el pesticida se usaba desde hacía 35 años, y eso probaba su carácter inocuo. Falso. Otros productos fabricados por Monsanto, el PCP y la dioxina, se usaron por décadas con resultados catastróficos. En Vietnam siguen naciendo monstruos a causa de la dioxina contenida en el defoliante llamado Agent Orange.

¿Hasta dónde estará contaminado el Paraguay a causa del Roundup? Falta un estudio de conjunto. Una vez que se lo tenga, se deberá vencer la resistencia de los contaminadores agrupados en el tractorazo, fieles defensores de los intereses de Monsanto.
(fuente)



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POR LA SALUD Y LA SEGURIDAD DE LOS CONSUMIDORES

lunes, 29 de junio de 2009
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Los transgénicos atentan contra la salud - 29/06/2009



Una amenaza a la salud
ALERTA MEDICA SOBRE LOS TRANSGENICOS

La Academia Americana de Medicina Ambiental (AAEM, por sus siglas en inglés), hizo pública en mayo pasado su posición sobre los alimentos transgénicos. “Por la salud y la seguridad de los consumidores”, llaman a establecer urgentemente una “moratoria a los alimentos genéticamente modificados y la implementación inmediata de pruebas independientes y de largo plazo sobre su seguridad”.

Llaman a los médicos “a educar a sus pacientes, a la comunidad médica y al público para evitar los alimentos genéticamente modificados”; a “considerar el papel de los alimentos transgénicos en los procesos de enfermedad de sus pacientes” y a “documentar los cambios en la salud de los pacientes cuando dejan de consumir alimentos transgénicos”. Instan “a sus miembros, la comunidad médica y la comunidad científica independiente, a recopilar estudios potencialmente relacionados con el consumo de transgénicos y sus efectos sobre la salud, y a comenzar una investigación epidemiológica para examinar el papel de los alimentos transgénicos sobre la salud humana”.

Una importante conclusión en la que basan su toma de posición es que, a partir de los múltiples ejemplos analizados, “hay más que una relación casual entre alimentos transgénicos y efectos adversos para la salud”. Explican que según los criterios de Hill (de Bradford Hill, ampliamente reconocidos académicamente para evaluar estudios epidemiológicos y de laboratorio sobre agentes que puedan suponer riesgos para la salud humana) “existe causalidad en la fuerza de asociación, la consistencia, la especificidad, el gradiente y plausibilidad biológica” entre el consumo de alimentos transgénicos y los efectos adversos a la salud.

Entre los efectos negativos, comprobados a partir de decenas de estudios en animales, mencionan “riesgos serios”, como infertilidad, desregulación inmune, envejecimiento acelerado, desregulación de genes asociados con síntesis de colesterol y regulación de insulina, cambios en el hígado, riñones, bazo y sistema gastrointestinal. Citan, entre otros, un estudio de 2008 con ratones alimentados con maíz transgénico Bt de Monsanto, que vincula el consumo de maíz transgénico con infertilidad y disminución de peso, además de mostrar la alteración de la expresión de 400 genes.

La Academia señala que ante la generalización del consumo de transgénicos, lo urgente es realizar estudios epidemiológicos.

Una fuente citada por el documento de la Academia es el extenso libro Genetic roulette (Ruleta genética), de Jeffrey Smith, que documenta en forma minuciosa y con cientos de referencias científicas, 65 casos de efectos adversos de los transgénicos sobre la salud de personas y animales, incluyendo casos de vacas y ovejas que murieron en Alemania e India, luego de alimentarse rutinariamente con cosechas transgénicas. Este autor alerta que todos somos conejillos de Indias para la industria biotecnológica –que ha podido liberar en campo e invadir los alimentos con transgénicos sin necesidad de probar su inocuidad para la salud humana en ninguna parte del mundo–, pero que particularmente los niños y las embarazadas son los que corren mayores riesgos.

La asociación médica refiere también el reciente estudio de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, que analizando 13 años de cultivos transgénicos muestran que éstos tienen menores rendimientos y que si hubo aumento de producción no se debió a transgénicos sino a manejos de tipo convencional. Introducen este análisis sobre productividad, para concluir que tampoco en este aspecto muestran ninguna ventaja, por lo que nada justifica el “serio riesgo para la salud en las áreas de toxicología, alergia y función inmune, salud reproductiva y salud metabólica, fisiológica y genética” que representan los transgénicos, por lo que lo único sensato es aplicar un estricto principio de precaución, estableciendo una moratoria total e inmediata.

A los riesgos que plantean los transgénicos en sí mismos, se agrega el aumento de uso de agrotóxicos y las enfermedades que éstos provocan (están diseñados para usar más agroquímicos, nuevamente no por casualidad sino por causalidad: los fabricantes de transgénicos, Monsanto, Dow, Dupont, Syngenta, Bayer, Basf, son también los mayores fabricantes de venenos agrícolas del planeta).

La trampa está en la inversión de lógica que las transnacionales han logrado imponer: en lugar de etiquetar con una advertencia a los alimentos que contienen agrotóxicos y transgénicos, obligan a que se tenga que separar, etiquetar y cuesten más caros los alimentos orgánicos y sanos.

Existen muchas alternativas para producir y alimentarse sanamente, que no implican riesgos, mantienen las fuentes de sustento para las mayorías, cuidan la biodiversidad, afirman la soberanía alimentaria y los derechos de los campesinos. Los transgénicos solamente crean riqueza para unas pocas transnacionales, amenazando la salud de todos.

Por Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC. De La Jornada, de México.
(fuente)


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Para De Angelis que "no sabe que el glifosato mata" !

sábado, 27 de junio de 2009
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Sembrar soja para cosechar muerte - 27/06/2009



22 de junio del 2009
“El glifosato estimula la muerte de las células de embriones humanos”

ENTREVISTA A GILLES-ERIC SERALINI, REFERENTE EUROPEO EN EL ESTUDIO DE AGROTOXICOS

Confirmó los efectos letales del herbicida en células humanas de embriones, placenta y cordón umbilical. Alertó sobre las consecuencias sanitarias y ambientales, y exigió la realización de estudios públicos sobre transgénicos y agrotóxicos. Cuando dio a conocer sus investigaciones, recibió críticas y desacreditaciones.

Gilles-Eric Seralini es especialista en biología molecular, docente de la Universidad de Caen (Francia) y director del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen). Y se ha transformado en un dolor de cabeza para las empresas de agronegocios y los defensores a ultranza de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados –transgénicos–). En 2005 descubrió que algunas células de la placenta humana son muy sensibles al herbicida Roundup (de la compañía Monsanto), incluso en dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura. A pesar de su frondoso currículum, fue duramente cuestionado por las empresas del sector, descalificado por los medios de comunicación y acusado de “militante verde”, entendido como fundamentalismo ecológico. Pero en diciembre pasado volvió a la carga; la revista científica Investigación Química en Toxicología (Chemical Research in Toxicology) publicó su nuevo estudio, en el que constató que el Roundup es letal para las células humanas. Según el trabajo, dosis muy por debajo de las utilizadas en campos de soja provocan la muerte celular en pocas horas. “Aun en dosis diluidas mil veces, los herbicidas Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres”, afirmó Seralini desde su laboratorio en Francia. Sus investigaciones forman parte de la bibliografía a la que hace referencia el Comité Nacional de Etica en la Ciencia en su recomendación para crear una comisión de expertos que analice los riesgos del uso del glifosato.

El investigador había decidido estudiar los efectos del herbicida sobre la placenta humana después de que un relevamiento epidemiológico de la Universidad de Carleton (Canadá), realizado en la provincia de Ontario, vinculara la exposición al glifosato (ingrediente base del Roundup) con el riesgo de abortos espontáneos y partos prematuros. Mediante pruebas de laboratorio, en 2005, Seralini confirmó que en dosis muy bajas el Roundup provoca efectos tóxicos en células placentarias humanas y en células de embriones. El estudio, publicado en la revista Environmental Health Perspectives, precisó que el herbicida mata una gran proporción de esas células después de sólo dieciocho horas de exposición a concentraciones menores que las utilizadas en el uso agrícola.

Señalaba que ese hecho podría explicar los abortos y nacimientos prematuros experimentados por trabajadoras rurales. También resaltaba que en soluciones entre 10 mil y 100 mil veces más diluidas que las del producto comercial ya no mataba las células, pero bloqueaba su producción de hormonas sexuales, lo que podría provocar en fetos dificultades en el desarrollo de huesos y el sistema reproductivo. Alertaba sobre la posibilidad de que el herbicida sea perturbador endocrino y, por sobre todo, instaba a la realización de nuevos estudios. Sólo obtuvo la campaña de desprestigio.

En 2007 difundió nuevos avances. “Hemos trabajado en células de recién nacidos con dosis del producto cien mil veces inferiores a las que cualquier jardinero común está en contacto. El Roundup programa la muerte de las células en pocas horas”, había declarado Seralini a la agencia de noticias AFP. Resaltaba que “los riesgos son sobre todo para las mujeres embarazadas, pero no sólo para ellas”.

En diciembre último, la revista norteamericana Investigación Química en Toxicología (de la American Chemical Society –Sociedad Química Americana–) le otorgó a Seralini once páginas para difundir su trabajo, ya finalizado. Focalizó en células humanas de cordón umbilical, embrionarias y de la placenta. La totalidad de las células murieron dentro de las 24 horas de exposición a las variedades de Roundup. “Se estudió el mecanismo de acción celular frente a cuatro formulaciones diferentes de Roundup (Express, Bioforce o Extra, Gran Travaux y Gran Travaux Plus). Los resultados muestran que los cuatro herbicidas Roundup, y el glifosato puro, causan muerte celular. Confirmado por la morfología de las células después del tratamiento se determina que, incluso a las más bajas concentraciones, causa importante muerte celular”, denuncia en la publicación, que precisa que aun con dosis hasta diez mil veces inferiores a las usadas en agricultura el Roundup provoca daño en membranas celulares y muerte celular. También confirmó el efecto destructivo del glifosato puro, que en dosis 500 veces menores a las usadas en los campos induce a la muerte celular.

Gilles-Eric Seralini tiene 49 años, nació en Argelia, vive en Caen, investiga la toxicidad de variedades transgénicas y herbicidas, es consultor de la Unión Europea en OGM y es director del Consejo Científico del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen). “He publicado tres artículos en revistas científicas norteamericanas de ámbito internacional, junto con investigadores que hacían su doctorado en mi laboratorio, sobre la toxicidad de los herbicidas de la familia del Roundup sobre células humanas de embriones, así como de placenta, y sobre células frescas de cordones umbilicales, las cuales llevaron a los mismos resultados, aunque fueran diluidas hasta cien mil veces. Confirmamos que los herbicidas Roundup estimulan el suicidio de las células humanas. Me especializo en los efectos de los OGM y sabemos que el cáncer, las enfermedades hormonales, nerviosas y reproductivas tienen relación con los agentes químicos de los OGM. Además, estos herbicidas perturban la producción de hormonas sexuales, por lo cual son perturbadores endocrinos”, afirma Seralini.

“El glifosato es menos tóxico para las ratas que la sal de mesa ingerida en gran cantidad”, señalaba hace una década la publicidad de Monsanto, citada en la extensa investigación periodística El Mundo según Monsanto, de Marie-Monique Robin. En el capítulo cuatro, llamado “Una vasta operación de intoxicación”, Seralini es contundente: “El Roundup es un asesino de embriones”. Hecho confirmado con la finalización de sus ensayos, en diciembre de 2008.

La contundencia y difusión del trabajo provocaron que la compañía de agrotóxicos más poderosa del mundo rompiera su silencio –a pesar de que su política empresarial es no responder estudios o artículos que no le sean favorables–. Mediante un comunicado, y ante la agencia de noticias AFP, Monsanto Francia volvió a deslegitimar al científico. “Los trabajos efectuados regularmente por Seralini sobre Roundup constituyen un desvío sistemático del uso normal del producto con el fin de denigrarlo, a pesar de que se ha demostrado su seguridad sanitaria desde hace 35 años en el mundo.”

La antigüedad del producto en el mercado es el mismo argumento utilizado en la Argentina por los defensores del modelo de agronegocios. Las organizaciones ambientalistas remarcan que esa defensa tiene su propio callejón sin salida. El PCB (químico usado en transformadores eléctricos y producido, entre otros, por Monsanto) también se utilizó durante décadas. Recibió cientos de denuncias y se lo vinculó con cuadros médicos graves, pero las empresas continuaban defendiendo su uso basado en la antigüedad del producto. Hasta que la presión social obligó a los Estados a realizar estudios y, con los resultados obtenidos, se prohibió su uso. “Con el glifosato pasará lo mismo”, retrucan las organizaciones.

–Luego de una investigación en la Argentina del doctor Andrés Carrasco, en la que confirmó el efecto devastador en embriones anfibios, las empresas del sector reaccionaron con intimidaciones, amenazas y presiones. ¿Le suena familiar?
–Sí, y mucho. Con mis investigaciones las empresas también reaccionaron muy mal. En lugar de criticar a los investigadores, una gran empresa responsable que no tiene ninguna capacitación en toxicología tendría que ponerse en duda e investigar. En diciembre de 2008, cuando se publicó nuestro último artículo, el Departamento de Comunicación de Monsanto dijo que estábamos desviando el herbicida de su función, ya que no fue hecho para actuar sobre células humanas. Este argumento es estúpido, no merece otro calificativo. Es muy sorprendente que una multinacional tan importante admitiera, con ese argumento, que no conduce ensayos de su herbicida con dosis bajas sobre células humanas antes de ponerlo en el mercado. Se debiera prohibir el producto nada más que por ese reconocimiento corporativo.

–¿Cuál fue el papel de los medios de comunicación en sus descubrimientos?
–Diarios y televisiones han hablado de nuestros estudios, dan cuenta de que el mundo está deteriorándose a causa de estos contaminantes y que muchas enfermedades desencadenadas por productos químicos ya se ven también en los animales y reducen dramáticamente la biodiversidad. Pero también hay que tener presente que el lobby de las empresas es muy fuerte, hacen llegar a los medios de comunicación informaciones contradictorias que finalmente desinforman a la opinión pública e influyen en gobiernos.

En 1974, Monsanto había sido autorizada a comercializar el herbicida Roundup, “que pasaría a convertirse en el herbicida más vendido del mundo”, se ufana la publicidad de la empresa. En 1981 la compañía se estableció como líder en investigación biotecnología, pero recién en 1995 fue aprobada una decena de sus productos modificados genéticamente, entre ellos la “Soja RR (Roundup Ready)”, resistente al glifosato. Monsanto promocionaba el Roundup como “un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques de coníferas”. También sostenía que el herbicida era biodegradable. Pero en enero de 2007 fue condenada por el tribunal francés de Lyon a pagar multas por el delito de “publicidad engañosa”. Los estudios de Seralini fueron utilizados como prueba, junto a otras investigaciones. La Justicia de Francia hizo eje en la falsa propiedad biodegradable del agrotóxico y hasta dio un paso más: afirmó que el Roundup “puede permanecer de forma duradera en el suelo e incluso extenderse a las aguas subterráneas”.

Frente a la campaña de desprestigio, Seralini recibió el apoyo de la Procuración General de Nueva York (que había ganado otro juicio contra Monsanto, también por publicidad engañosa). La revista científica Environmental Health Perspectives publicó un editorial para destacar sus descubrimientos y la revista Chemical Research in Toxicology propuso publicar el esquema completo del modo de acción toxicológico. “Monsanto siempre entregó estudios ridículos sobre el glifosato solo, mientras el Roundup es una mezcla mucho más tóxica que el glifosato solo. El mundo científico lo sabe, pero muchos prefieren no ver o atacar los descubrimientos. Sin embargo, la empresa sostenía que era inocuo. Hemos confirmado que los residuos de Roundup representan los principales contaminantes de las aguas de los ríos o de superficie. Por otro lado, recibimos apoyo de parte de investigadores que encontraron efectos similares, explicando así abortos naturales y desastres en las faunas autóctonas”, explica Seralini.

Con un mercado concentrado y una facturación sideral, la industria transgénica es denunciada por su poder de incidencia con quienes deben controlarla. Hasta la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos (el ámbito de control competente) es acusada de haber cedido a sus presiones. En agosto de 2006, líderes sindicales de la EPA acusaron a las autoridades del organismo de ceder ante la presión política y permitir el uso de químicos perjudiciales. “Se corren graves riesgos en fetos, embarazadas, niños y ancianos”, denunciaban. La EPA había omitido estudios científicos que contradecían los patrocinados por la industria de los pesticidas. “La dirección de la EPA prioriza la industria de la agricultura y los pesticidas antes que nuestra responsabilidad para proteger la salud de nuestros ciudadanos”, finalizaba el comunicado.

Seralini remarca el poder económico de las agroquímicas y recuerda que las ocho mayores compañías farmacéuticas son las ocho mayores compañías de pesticidas y de OGM, entre las que Monsanto tiene un papel protagónico. Por eso reclama la realización urgente de test sobre animales de laboratorio durante dos años, como –según explica– sucede con los medicamentos en Europa. “Hay un ingrediente político y económico en el tema, claramente, donde las compañías están detrás”, denuncia. Se reconoce un obsesivo del trabajo, advierte que desde hace una década analiza a diario todos los informes europeos y estadounidenses de controles sanitarios de OGM. Y no duda: “Los únicos que hacen test son las propias compañías, porque son ensayos carísimos. Las empresas y los gobiernos no dejan ver esos trabajos. Esos estudios debieran ser realizados por universidades públicas y debieran ser públicos”.

“Llevo 25 años trabajando sobre las perturbaciones de los genes, de las células y de los animales provocadas por medicamentos y contaminantes. Advertimos el peligro existente y proponemos estudios públicos. Pero en lugar de profundizar estudios y reconocernos como científicos nos quieren restar importancia académica llamándonos ‘militante ambientalista’. Tenemos claro que el ataque proviene de empresas que, si se hacen los estudios, deberán retirar sus productos del mercado”, denuncia Seralini, que en la actualidad advierte sobre el efecto sanitario no ya de los agrotóxicos, sino de los alimentos transgénicos y sus derivados. Recuerda que con el maíz transgénico (también tratado con Roundup) se alimentan los animales que luego come la población (pollos, vacas, conejos y cerdos) y explica que todos los productos que contienen azúcar de maíz (salsas, caramelos, chocolates y gaseosas, entre otros) deben ser objeto de urgentes estudios.

“Llevamos años trabajando sobre la toxicidad de los principales contaminantes. Hemos confirmado que el Roundup es también el principal contaminante de los OGM alimentarios, como la soja o el maíz transgénico, lo que puede conllevar a un problema de intoxicación de los alimentos a largo plazo.” La afirmación de Seralini va en sintonía con las denuncias de centenares de organizaciones sociales, urbanas y rurales, y movimientos internacionales como la Vía Campesina (colectivo internacional de campesinos, indígenas, sin tierra y trabajadores agrícolas), que exigen alimentos sanos.
(fuente)

FARC-EP y su campaña educativa a la juventud

sábado, 30 de mayo de 2009
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Lucha y educación para la liberación ! - 30/05/2009


Con el nombre de "La Baretopolítica" las FARC-EP han lanzado una campaña educativa dirigida a la juventud colombiana.

Malena una joven pintora que combate en las filas guerrilleras por la Nueva Colombia junto con Ronaldo, responden en un video a 7 preguntas sobre la marihuana, entre las que se encuentran ¿cuáles son mis derechos como fumador de marihuana?, ¿quién gana la plata cuando yo fumo marihuana? y ¿qué opina las FARC-EP de que yo fume marihuana?.

El video, las pinturas de Malena y gustos musicales de Ronaldo entre otros, se pueden encontrar en el Facebook de la Baretopolítica http://es-es.facebook.com/people/La-Baretopolitica/1326870862, en donde además se podrá participar de un diálogo sobre el consumo de la conocida en el argot juvenil como la "bareta", las culturas que se han propiciado a partir de su consumo, la relación de la compra y consumo de la marihuana con el "sucio negocio del narcotráfico" y con los problemas estructurales del país y todo cuanto vaya surgiendo en un diálogo necesario con quienes representan el futuro de la patria y no han tenido un espacio para debatir sobre la Colombia que quieren, su concepción del mundo y sus derechos en sus particulares formas de desenvolverse en él.

Las Maticas - vallenato


En http://baretopolitica.blogspot.com se encuentra el video, también en Youtube, algunas canciones y documentos claves para comprender la postura de las FARC-EP sobre el consumo de marihuana y otros temas relacionados.

Prensa-Baretopolitica, invita a los jóvenes colombianos y a todo aquel que quiera sumarse a compartir su visión sobre la marihuana y a iniciar uno de los mil diálogos que tenemos pendientes para construir una Nueva Colombia donde quepamos todos y todas.

7 preguntas sobre la marihuana


* 1. ¿Cómo afecta mi salud que yo fume marihuana?
- El consumo casual de marihuana no perjudica la salud.
Entre fumadores habituales se registra un aumento en enfermedades pulmonares. El uso excesivo puede crear adicción y hacer del fumador de marihuana una persona apática y ensimismada, con poco interés en los demás y en la sociedad.

* 2. ¿Cuáles son mis derechos como fumador de marihuana?
- En teoría, en Colombia no está penalizado portar una dosis personal de marihuana (x gramos). En la práctica, la misma policía muchas veces viola la ley, y utiliza la posesión de una cantidad mínima de marihuana como pretexto para joder al joven, y sobre todo si es de pinta progresista. Golpizas o cárcel es pan de cada día para los fumadores de marihuana. Para las FARC los consumidores de marihuana tienen el mismo derecho a ser respetados en su integridad como cualquier otra persona.

* 3. ¿Quién gana la plata cuando yo compro marihuana?
- La venta de marihuana que muchas veces hacen los jíbaros está cada día más ligada a la mafia paramilitar. Los paramilitares son grupos creados por el ejército y las elites del país, que vienen cometiendo masacres y otros crímenes contra la población civil. Cuando tú compras marihuana, tu plata pueda terminar en manos de estos asesinos.

* 4. ¿Qué opina las FARC sobre que yo fumo marihuana?
- Las FARC es una organización revolucionaria que no recomienda el uso de marihuana ni de otras substancias que pueden dañar la salud como el alcohol y el tabaco. Sin embargo las FARC reconoce y respeta el hecho de que en algunas culturas juveniles a la marihuana se le asigna un papel recreativo. En consecuencia no rechaza a los fumadores de marihuana, ni mucho menos a esas culturas alternativas de la juventud.
Las FARC recomienda que frente a este tipo de substancias, debe haber una conducta responsable. Consideramos que nunca se debe mezclar el uso de alcohol o marihuana con las actividades políticas como marchas, mítines y protestas. En las filas guerrilleras no está permitido el consumo de marihuana.

* 5. ¿Cuál es la política del Gobierno frente a la marihuana?
- La actitud del Gobierno es hipócrita, porque aunque la dosis personal es legal, no es legal la venta, ni el cultivo de marihuana. Existe represión y criminalización, pero no hay políticas de educación y prevención. Muy grave es la enorme destrucción de nuestro medio ambiente causado por las fumigaciones aéreas contra los llamados cultivos ilícitos, que desarrollan militares de Estados Unidos con el beneplácito del Gobierno. El veneno utilizado de nombre glifosato contamina los ríos y causa enfermedades y abortos entre los campesinos afectados. Resulta ridículo que un Gobierno como él de Uribe que tiene lazos íntimos con la mafia de la droga, pretenda acabar con violencia los cultivos de marihuana.

* 6. ¿Cómo responde las FARC a esa situación?
- En zonas de control guerrillero no erradicamos porque no somos policía antinarcóticos. Las FARC, junto a las comunidades regulan este tipo de cultivos y fomenta la sustitución por cultivos de comer.
Entendemos el asunto como un problema social que campesinos pobres siembren cultivos ilícitos cuando no tienen otra opción para subsistir.
No permitimos por principio que el Ejército destruya cultivos de los campesinos, siendo estos de maíz o de marihuana o de cualquier tipo.
Nos enfrentamos con decisión a la aviación gringa y en muchos casos hemos derribado helicópteros y aviones que atacaron comunidades campesinas y sus cultivos.

* 7 ¿Cuál es la baretopolítica de las FARC?
- Las FARC propone solucionar el problema de la marihuana y otras drogas de una forma integral. El propósito es acabar con las condiciones sociales que causan la drogadicción, e insistimos en la educación en la juventud. Queremos legalizar el consumo y el cultivo como un paso para acabar con ese negocio gordo de la mafia. Vemos el tráfico de drogas por parte de la mafia paramilitar como un peligroso combustible para la guerra. Por eso legalizar es un paso hacia lograr la paz. Queremos que los cultivos ilícitos se substituyan por otros a medida que se ofrece alternativas a los campesinos; y esto va ligado a la necesidad de una reforma agraria verdadera. Hemos elaborado propuestas concretas para la substitución de los cultivos ilícitos y tenemos la capacidad y la voluntad para participar en la ejecución de estos proyectos.

Baretopolitica
es un emprendimiento educativo de las FARC-EP dirigido a la juventud. Es una invitación a dialogar, a que compartas puntos de vista con nosotros; es una invitación a que conozcas nuestra visión sobre la marihuana.
Junt@s lograremos una Colombia con esperanzas para la juventud.

Contáctanos en baretopolitica@gmail.com
(fuente)

Basta del GLIFOSATO DE LA MUERTE !

sábado, 23 de mayo de 2009
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Quienes son los criminales que permiten fumigar con ese veneno ? -23/05/2009


El glifosato envenena y destruye personas y medioambiente


Un peón rural literalmente envenenado, una familia en la que murieron tres chicos, un grado entero de una escuela primaria afectado con problemas de crecimiento. Son solo algunas de las víctimas del herbicida con el que hace quince años se rocían los campos de soja, y recién ahora están logrando ser escuchadas: el lado más oscuro del boom sojero.

Hace apenas tres semanas, un juez les dio la razón a los vecinos de San Jorge. Tristán Martínez dio lugar a un recurso de amparo y prohibió que los aviones fumigaran los campos a menos de 1.500 metros de las casas de esta pequeña ciudad santafesina. Y si la fumigación es por tierra, la distancia no puede ser menor a los 800 metros. Estas prácticas, dijo el Juez: "Tienen consecuencias severas para la salud de los hijos" de quienes presentaron el amparo.

Varios pueblos rurales, en los que en la última década aparecieron enfermedades raras y más casos de cáncer y abortos que lo habitual, lo habían intentado. Tras diez años de expansión silenciosa, el lado más oscuro del boom sojero se está haciendo visible.

El cultivo, que permitió a la Argentina enfrentar la crisis económica más grave de los últimos cincuenta años, tiene un costado atroz que científicos y funcionarios ya no niegan: los agroquímicos utilizados para obtener mayor rendimiento de las plantaciones de soja provocan enfermedades, malformaciones congénitas y abortos espontáneos en las poblaciones que quedan bajo las fumigaciones.


Seiscientos pueblos de las zonasmás fértiles del país son rociados con pesticidas desde 1995. Y sus habitantes sufren las consecuencias. Las pruebas de su impacto son tan contundentes que hasta el Gobierno nacional -impulsor del modelo agroexportador sojero- se vio obligado a crear una comisión en el Ministerio de Salud que deberá evaluar el impacto ambiental y sanitario generado por el uso indiscriminado de estos venenos.

Gracias a la soja, la utilización de agroquímicos creció exponencialmente en territorio argentino. El más común es el glifosato, que representa el 37% del total de herbicidas utilizados en la producción agrícola. Las primeras víctimas visibles fueron los peones rurales. Fabián Tomasi es uno de ellos. Tiene 43 años pero aparenta muchos más. Vive en la localidad entrerriana de Basavilbaso desde que nació y en 1994 optó, como muchos peones rurales de su pueblo, por dedicarse a uno de los oficios mejor pagos de la zona: manejar glifosatos que garanticen el mejor rendimiento de las plantaciones de soja.

Hace nueve años dejó sin palabras a los médicos cuando apareció en las consultas con un fuerte ardor en las yemas de los dedos, acompañado por secreciones de calcio en las manos y en todas sus articulaciones. "Nos pagaban por hora y ganábamos muy bien, llegábamos a los cuatro dólares por hora y acumulábamos 12 horas diarias los siete días de la semana para poder hacer un buen número", cuenta.

Durante la campaña, desde noviembre hasta marzo, todos los peones trabajan la mayor cantidad de horas posible para sumar pesos extra. "No cualquiera puede estar al lado de un avión, hay que saber cómo cargar combustible, limpiar primero, cambiar los equipos y cargar el veneno. Cada cosa llevaba su tiempo, y así pasé seis años de mi vida", rememora Tomasi con amargura.

Para las fumigaciones hay dos vías: una terrestre y otra aérea. La especialidad de Fabián era el aire. "Soy un loco de los aviones, siempre me encantaron y nunca tomé conciencia de que estaba trabajando con un veneno letal. Encima, nunca trabajé con algún tipo de protección". Pero las secuelas aparecieron a partir de 2000. "Primero empecé a sentir mucho dolor en la punta de los dedos y luego me empezó a salir como una arenilla. El médico comprobó que era calcio, una reacción por la toxicidad que tengo en el cuerpo", cuenta.

Por el dolor, Fabián no pudo trabajar más. "Primero pensaron que todo era por las complicaciones de la diabetes, hasta que un día el médico me pide que me saque la remera y ve que era piel y hueso", cuenta. La orden médica procuró derivarlo al principal centro toxicológico argentino, el Hospital Alejandro Posadas de Haedo. "Pero como no tenía un peso terminé en el Sanatorio Adventista del Plata ahí descubrieron que tengo menor capacidad pulmonar y hasta me encontraron incrustaciones de calcio en el esófago. Tengo hipercalcemia, supuestamente porque mi organismo reacciona de esta forma con el veneno Me aparecen granos por todo el cuerpo que se revientan y en cada una de mis articulaciones me sale calcio. Ahora también me sale de los codos, de las rodillas y de los pies", dice como si su cuerpo fuera un mapa de la devastación. Fue la primera vez que los médicos se animaron a diagnosticarle "posible intoxicación con agroquímicos".

En la última Navidad, tras ocho años de incertidumbre, la organización llamada Grupo de Reflexión Rural le donó un tratamiento desintoxicante de activos biológicos. Para los investigadores, el cuadro de Tomasi tiene una explicación: el veneno actúa en el hombre igual que sobre los insectos. "Quita la posibilidad de caminar y de comer, pero como tenemos sangre caliente eso atrofia aun más Ya no domino la garganta, y a veces me sale la comida por la nariz, si no fuera por mi madre, no se qué haría. Esto es más claro que el agua y no hay que darle mucha vuelta, tengo cara de máscara, los músculos de mi cara están atrofiados y, como soy diabético, tardo mucho más en cicatrizar".

Basavilbaso tiene nueve mil habitantes y, a pesar de su tragedia, son pocos los que le creen. "Pero acá todavía no cambió nada, mis amigos suponen que porque usan camisas de mangas largas van a solucionar el problema, cuando para trabajar con agroquímicos hay que aislarse con trajes con botas, guantes y máscaras con oxígeno asistido. Pero nadie lo exige y no hay de esos trajes en ninguna parte del país". "Nunca nos protegimos, sólo usábamos short y remeras, y hacíamos de todo: le cambiábamos los picos a las barras por donde se esparce el veneno desde los aviones y abríamos hasta 200 latas diarias para hacer el caldo, la mezcla del químico con agua y aceites para que la gota fumigada llegue mejor a la planta de soja", agrega.

"Yo no soy Nostradamus -advierte- pero esto termina mal", vaticina este peón que reconoce que vive gracias al tratamiento que le donó el Grupo de Reflexión Rural. "Este veneno es letal y nos está matando", concluye.

La terapia que está recibiendo Tomasi es similar a la que se practicó con las víctimas de la tragedia nuclear de Chernobyl, la ciudad siberiana arrasada por la fuga de un reactor en 1985. "Recién en 2008 la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó el glifosato como extremadamente tóxico. Esto ocurrió porque una serie de estudios revelaron toxicidad en todas las categorías: subaguda, crónica, daños genéticos, trastornos reproductivos y carcinogénesis. Por la misma razón la agencia ambiental europea (EPA) lo reclasificó como clase II, es decir altamente tóxico", informa el doctor Jorge Kaczewer, especialista en terapias neurales de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Pero los peones rurales no son los únicos afectados. Marcela Tornelli y Roque Santana están casados desde
1994. Los dos son docentes y viven en un barrio de la ciudad de Paraná. Tienen tres hijos: Jeremías de 12 años, Facundo de 10 y Pilar de cinco. "Cuando estaba embarazada de Facu –recuerda Marcela- conseguí unas horas en la escuela 136 de Colonia Avellaneda -un pequeño poblado agrícola ubicado a 15 kilómetros de la capital entrerriana, donde abundan los campos sembrados de soja fumigados con avionetas-.

Allí conocí a Gabriela, una profesora de Historia que también estaba embarazada. Como la escuela no tenía edificio propio, funcionaba en un galpón municipal donde se almacenaban tambores de glifosato", explica Tornelli. "Tiempo después del nacimiento de Facundo, comenzamos a notar que tenía problemas, porque no fijaba la mirada y no caminaba, se la pasaba todo el tiempo sentado con un juguete en la mano. Los médicos le efectuaron distintos estudios neurológicos y le diagnosticaron trastorno generalizado del desarrollo (DGD). Mi sorpresa fue mayúscula cuando en la sala de espera del especialista me la encontré a Gabriela, que estaba con su hijito dos meses más pequeño que mi Facu, con el mismo diagnóstico.

Nos empezamos a organizar para buscar más información sobre la enfermedad de nuestros hijos y sobre los posibles causantes. Hasta que una neuróloga nos dijo que estas afecciones estaban relacionadas con el contacto que tuvimos durante al embarazo con los agroquímicos", añade la docente. Una revelación terminaría por convencerla: "En 2003 volví a la escuela 136 y me encontré con que el primer grado tuvo que transformarse en un grado lento porque los 20 chicos tenían trastornos en el lenguaje y en el aprendizaje".

Según la maestra: "El 92 por ciento de los varones que nacieron en esa época tienen problemas similares a los de nuestros chicos". En ese período Marcela perdió cuatro embarazos. Ante la falta de presupuesto, la provincia de Entre Ríos les otorga a las escuelas rurales la potestad de arrendar a los agricultores los terrenos lindantes al edificio para obtener recursos. "En esos campos se siembra soja que se fumiga con glifosato, por lo que el gremio docente entrerriano elevó una queja a las autoridades educativas, ya que la situación pone en peligro la salud de toda la comunidad educativa", aporta Roque Santana, quien además se desempeña como secretario General del gremio docente provincial.

"Qué solos y desprotegidos nos sentimos como ciudadanos y padres quienes ya tenemos en nuestra familia alguien con alguna de estas consecuencias. Tenemos que hacer algo para que esto se termine; mi hijo será autista toda su vida, pero esto se puede prevenir y muchas madres pueden evitar que sus hijos tengan alguna patología".

Tenemos que hacer algo para que los que tienen que decidir y tomar las decisiones políticas lo hagan ahora", pide Santana, el papá de Facundo.

En aumento
Argentina es el segundo exportador mundial sojero y en diez de sus provincias ya hay 16,6 millones de hectáreas sembradas con "Soja RR". "RR" significa "Roundup Ready", es decir "Resistente al Roundup", nombre comercial del glifosato, un herbicida que se aplica en forma líquida sobre las malezas, que absorben el veneno y mueren en pocos días. Gracias a eso, lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, es por el aumento de la demanda en los mercados asiáticos. La leguminosa se extiende cada vez más sobre las tierras fértiles argentinas a expensas de otros cultivos, de la ganadería y de los bosques.

De hecho, es tanto su rendimiento que ahora ocupa lo que antes fueron corredores verdes de protección que bordeaban poblados formados por huertas familiares, granjas lecheras y de pequeños animales y plantaciones de frutales. Toda esa población quedó expuesta a los daños de la fumigación aérea. Con ese crecimiento, la siembra de soja encabeza la demanda de pesticidas.

Los agricultores utilizan el 46% para esa planta, el 10% para el maíz, otro 10% para el girasol y un 7% para el algodón. Pero ningún cultivo crece solo, todos necesitan de peones rurales que están cada vez más expuestos a la fumigación. Según un informe sobre accidentes laborales de la Organización Mundial de la Salud: "De los 335.000 producidos por año en el mundo, 170.000 ocurrieron en el sector agrícola. La mayoría son trabajadores que han manipulado herbicidas, por lo que habría que protegerlos en vez de seguir con el argumento de la baja toxicidad por parte de las empresas productoras", dispara el investigador Kaczewer. Pero todo va en la dirección opuesta. Hasta que aparecieron los cultivos transgénicos tolerantes al herbicida, el máximo de glifosato residual en alimentos permitido en Estados Unidos y Europa era de 0,1 miligramo por kilo.

Sin embargo, a partir de 1996 se incrementó a 20 miligramos por kilo, es decir 200 veces más. "Esto responde a que las empresas productoras del decir modificada genéticamente para resistir el Roundup. Los campos argentinos fueron rociados el último año con 165 millones de litros del herbicida. Un volumen similar al que suman 330 mil tanques de agua hogareños.

La propietaria de este producto es Monsanto, la multinacional de agronegocios y biotecnología más grande del mundo, cuyas ventas en 2006 alcanzaron los 4.476 millones de dólares. Con presencia en el país desde 1956, Monsanto actualmente controla el 20 por ciento del mercado de semillas. Con el Roundup, posee el 95 por ciento del mercado sojero. La mitad del área agrícola argentina está ocupada por soja.

Luego de 15 años de campañas récord, Argentina produce unos 48 millones de toneladas que exporta a China e India. Para lograrlo se requieren unos 200 millones de litros de glifosato por año, una cifra que aumentará en el futuro, debido al aumento de la demanda en los mercados asiáticos. La leguminosa se extiende cada vez más sobre las tierras fértiles argentinas a expensas de otros cultivos, de la ganadería y de los bosques.

De hecho, es tanto su rendimiento que ahora ocupa lo que antes fueron corredores verdes de protección que bordeaban poblados formados por huertas familiares, granjas lecheras y de pequeños animales y olantaciones de frutales. Toda esa población quedó expuesta a los daños de la fumigación aérea. Con ese crecimiento, la siembra de soja encabeza la demanda de pesticidas. Los agricultores utilizan el 46% para esa planta, el 10% para el maíz, otro 10% para el girasol y un 7% para el algodón.

Pero ningún cultivo crece solo, todos necesitan de peones rurales que están cada vez más expuestos a la fumigación. Según un informe sobre accidentes laborales de la Organización Mundial de la Salud: "De los 335.000 producidos por año en el mundo, 170.000 ocurrieron en el sector agrícola. La mayoría son trabajadores que han manipulado herbicidas, por lo que habría que protegerlos en vez de seguir con el argumento de la baja toxicidad por parte de las empresas productoras", dispara el investigador Kaczewer. Pero todo va en la dirección opuesta. Hasta que aparecieron los cultivos transgénicos tolerantes al herbicida, el máximo de glifosato residual en alimentos permitido en Estados Unidos y Europa era de 0,1 miligramo por kilo.

Sin embargo, a partir de 1996 se incrementó a 20 miligramos por kilo, es decir 200 veces más. "Esto responde a que las empresas productoras del agroquímico están solicitando permisos para que se apruebe la presencia de mayores concentraciones en alimentos derivados de cultivos transgénicos. Monsanto, por ejemplo, fue autorizado para un triple incremento en soja transgénica en Europa y Estados Unidos (de 6 ppm a 20 ppm)", revela el investigador.

Pueblo por pueblo

En su informe sobre el uso de plaguicidas en las principales provincias sojeras de la Argentina, el Grupo de Reflexión Rural (GRR) censó más de seiscientos pueblos. Las conclusiones dan miedo: Córdoba El caso testigo fue Ituzaingó, en las afueras de la capital cordobesa. Allí viven cinco mil personas, 200 de ellas padecen cáncer. El barrio, humilde, de casas bajas, está rodeado demonocultivo. Al este, norte y sur hay campos con soja, sólo separados de la población por una calle. El relevamiento del GRR confirmó alergias respiratorias y de piel, enfermedades neurológicas, casos de malformaciones, de bebés nacidos con espina bífida, malformaciones de riñón en fetos y embarazadas.

En marzo de 2006, la Dirección de Ambiente municipal analizó la sangre de treinta chicos: en 23 había presencia de pesticidas. En los suelos de Ituzaingó se encontró Malatión, Clopirifós, Alfa-Endosulfán, isómero de DDT, Beta Endosulfán y HCB utilizados para fumigación en campos de soja. Otras localidades afectadas son Pueblo Italiano, Río Ceballos, Saldán, Alto Alberdi, Jesús María, Colonia Caroya y San Francisco, donde también se realizan pulverizaciones en campos aledañosa las viviendas o se arrojan envases de agrotóxicos en caminos y canales.

Un récord nefasto ostenta Monte Cristo, donde sobre una población de 5000 personas, solo entre 2003 y2004, se registraron 37 casos oncológicos, 29 malformaciones congénitas e innumerables fumigaciones.

Buenos Aires
Se han verificado casos de cáncer y malformaciones en Lobería, Saladillo y Chacabuco. "Los aviones fumigadores vacían sus tanques sobre lagunas y arroyos cercanos a estas ciudades, provocando mortandad de peces y otro gran número con malformaciones y enfermedades que imposibilitan su consumo. Ante esta situación, los vecinos de Saladillo realizaron una marcha contra el cáncer en abril de 2007 y en Chacabuco surgió una asociación vecinal para investigar las razones por las que han aumentado los casos de cáncer, leucemia y malformaciones en el pueblo", sostiene la investigación.

Santa Fe
Un informe llevado adelante por el Centro de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente (Ecosur), el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario, la Universidad Nacional de Rosario, el INTA, el Colegio de Ingenieros Agrónomos y la Federación AgrariaArgentina, comprobó la fuerte correlación entre los casos de cáncer, leucemia, lupus y otras graves afecciones -halladas en seis pequeños pueblos del área sur y central sojera de Santa Fe- con la localización de las máquinas de fumigación, depósitos de agrotóxicos, 'silos' de bidones de plaguicidas, transformadores eléctricos con PCB y lugares de frecuentes fumigaciones aéreas y 'chorreado' de los tanques de los aviones aspersores.

Por ejemplo, en Las Petacas, 200 kilómetros al sudoeste de Rosario, viven 800 habitantes y en los últimos diez años hubo 42 casos de cáncer y 400 personas con alergias.

Sólo en octubre de 2005 murieron cinco personas de cáncer y dos de leucemia. Allí existen cinco acopios de cereales dentro del área urbana, del lado norte. A raíz de que en la mayor parte del año predomina el viento norte, el polvillo del cereal convive con los pobladores.

Los vecinos de Alcorta denunciaron que se fumiga con Round-Up terrenos enteros emplazados en barrios populares, donde además hay una planta de silos donde el polvillo en épocas de carga y descarga de granos torna irrespirable el aire a varias cuadras alrededor.

San Cristóbal es un poblado de quince mil habitantes en el norte de Santa Fe. En agosto de 2005, el intendente Edgardo Martino denunció que en el primer semestre del año habían nacido once bebés con malformaciones congénitas, y tres habían fallecido a los pocos días. También advirtió la existencia de otros tres casos en localidades vecinas. No aventuraba causas posibles, pero reconocía que todas las acusaciones apuntaban a las plantaciones de soja -y los agrotóxicos utilizados-, que habían crecido de forma exponencial en la última década.

Rodolfo Páramo, médico del Hospital de Malabrigo, efectuó reportes de malformaciones en niños nacidos nueve meses después de las fumigaciones en los alrededores del pueblo. Páramo asegura que "los valores normales de estos casos son de uno cada 8.500 a 10.000 nacimientos, mientras que en Malabrigo las malformaciones alcanzaron una tasa de 12 casos para unos 200 nacimientos en el año".

Misiones
Existen denuncias sobre fumigaciones y pulverizaciones en los campos aledaños a algunas localidades de la provincia. Desde 2004, en la localidad de San Ignacio organizaciones campesinas y vecinales denuncian las pulverizaciones con agrotóxicos en los cultivos de soja cercanos a las poblaciones. Formosa Al menos 23 familias de pequeños productores de la localidad de Colonia Loma Senés, departamento Pirané, al oeste de la provincia, vieron su salud -y también sus cultivos y haciendas- afectados por las habituales fumigaciones realizadas desde máquinas "mosquito", con glifosato y 2,4 D, en los campos rentados por una empresa sojera (Proyecto Agrícola Formoseño PAF), linderos a las chacras familiares.

No es el único caso en la provincia: en la localidad de Belgrano, también se suceden los vuelos de avioneta que fumigan con agrotóxicos los campos de soja contiguos a las parcelas de los campesinos más humildes. Ante esta situación agricultores del Mocafor (Movimiento Campesino de Formosa) se movilizaron para impedir estos vuelos.

Santiago del Estero
La familia Castillo vive en Quimilí, trabaja una chacra desde hace cinco décadas. Todos sus integrantes sufrieron distintos tipos de enfermedades respiratorias y cutáneas de diversa gravedad. A la hora de buscar las causas, miran al campo vecino, millares de hectáreas con soja, y señalan una avioneta bimotor que fumiga con veneno. Entre Ríos En febrero de 2004 quince personas resultaron intoxicadas en el departamento Gualeguaychú, por causa de un agrotóxico Los síntomas registrados fueron dolor de cabeza, vómitos y mareos al día siguiente de producida una fumigación. En la zona rural del departamento Paraná se observó un aumento de la mortalidad perinatal y una alta incidencia de embarazos anembrionados correlacionados con el incremento en la superficie sembrada con soja y el consecuente uso de agroquímicos. Desde el hospital de la localidad de Cerrito, el médico Darío Gianfelici comprobó que las enfermedades de las vías respiratorias se duplicaron, mientras que las afecciones de piel se cuadruplicaron en los últimos diez años.

Pablo Basso, director de Epidemiología del Ministerio de Salud provincial admite: "Hay varios estudios que relacionan el uso indiscriminado de agroquímicos con la aparición de diversas patologías". El funcionario agrega: "La supuesta inocuidad de glifosato es falsa, si hay algo que todos tenemos claro es que el glifosato no es agua bendita". En Entre Ríos existe una ley de plaguicidas que fija una distancia mínima de 50 metrosentre el límite del terreno sembrado y el caserío para los casos de fumigaciones terrestres y de 200 metros para las fumigaciones aéreas. Pero esta normativa no se cumple.
(fuente)

Dejan de usar glifosato, ahora se llama DICAMBA

viernes, 22 de mayo de 2009
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Nuevo veneno para los sembradíos -22/05/2009



Dicamba: Muerto el glifosato, viva el glifosato II
13-05-09, Por Graciela Cristina Gomez

Cuando la soja resistente al Dicamba salga al mercado Monsanto retirará toda la soja RR, que pasará a ser obsoleta ante el avance de las malezas resistentes al glifosato, dejando solo la nueva soja. Los Mengele de las semillas, firman acuerdos para dividirse las ganancias: Syngenta cerró una alianza con Monsanto para el desarrollo de cultivos de alto rendimiento resistentes, por ejemplo, a la sequía.

Monsanto espera poder lanzar al mercado nuevos cultivos tolerantes a Dicamba a partir de comienzos de la próxima década. A futuro recetarán Dicamba, en dosis de todos los tamaños, desconociendo los efectos del herbicida y el agrocidio continuará… hasta que no quede nada por contaminar. Entonces comerán dinero.

La era del glifosato parece acabarse, la mala racha del herbicida, no tiene vuelta atrás, pero ya hay un posible suplente. Relegado por la fama de la soja RR y sin prensa, quiere salir a la cancha la próxima década. Solo o combinado con su antecesor.

Lás fábricas del horror prevén estos coletazos con años de antelación, que no son los mismos que necesitan nuestros organismos de contralor para desayunarse con los efectos de los venenos que, con más de una década de catástrofe sanitaria, aún hoy siguen dudando si es biodegradable o no. Mientras tanto el nuevo monstruito ya fué patentado.

Un sustituto que “no falle”:

“Cuando la soja resistente al Dicamba salga al mercado Monsanto retirará toda la soja RR, que pasará a ser obsoleta ante el avance de las malezas resistentes al glifosato, dejando solo la nueva soja”.(1)

Un equipo de investigadores de la Universidad de Nebraska,USA, descubrieron un gen que permite lograr plantas tolerantes al herbicida Dicamba, publicado en la revista científica “Science”en mayo de 2007. Monsanto y la Universidad firmaron el acuerdo para el desarrollo de cultivos tolerantes al dicamba en 2005.

El herbicida Dicamba (3,6-dicloro-2-ácido metoxibenzoico) fue registrado por primera vez en USA en 1967. Actualmente se lo comercializa solo o bien en formulaciones acompañado de 2,4-D, MCPP (ácido propiónico) y/o MCPA( ácido acético). Es un viejo herbicida, que sirvió junto con el agente naranja en Vietnam, y ha sido resucitado a través de la magia de las relaciones públicas. Usado en espárragos, cebada, sorgo soja, caña de azúcar y trigo. Campos de golf y céspedes residenciales.

El ardid de siempre: “Es un herbicida ampliamente utilizado, barato, no perjudicial para el medio ambiente, que no perdura en los suelos y que muestra poca o ninguna toxicidad para la vida salvaje y los humanos.". El riesgo es impreciso e indefinido “prácticamente no tóxico” y “ligeramente tóxico para las abejas”, mintiendo sin cambiar el casette, ni sonrojarse.

Entre 2004 y 2007 mas de 40 lanzamientos de prueba de campo de dicamba resistentes al maíz, algodón y soja fueron aprobados en USA.

El colmo de los anuncios de estos nuevos “asesinos” de la próxima década, son el pedido de los voceros genocidas de una mayor seguridad jurídica, exigiendo modificaciones en la legislación para tener mayor control sobre las semillas comercializadas en Argentina, amenazando invertir en Brasil una nueva soja transgénica que no será comercializada en nuestro país ni en Uruguay. Por ése motivo la soja BTRR2 (soja RR y BT), desarrollada solo para el Mercosur, tiene previsto su lanzamiento en 2012 en Brasil y 2013 en Paraguay, en Argentina aún es incierto (2).

Los años por venir, escucharemos hasta el cansancio que usarán “fitomejoramientos” convencionales o no, pero en realidad los laboratorios “inducirán” vía mutagénesis, hasta las pantuflas de la abuela, lo orgánico será utopía, la salud privilegio de algunos, y la ley de ser operativa pasará a ser “sustancialmente equivalente” al delito.

Juntos somos más:

Como si esto fuera poco, los Mengele de las semillas, firman acuerdos para dividirse las ganancias por la matanza de los “conejillos de indias” de Sudamérica: Syngenta, uno de los mayores productores mundiales de Dicamba cerró una alianza con Monsanto para el desarrollo de cultivos de alto rendimiento resistentes, por ejemplo, a la sequía. Monsanto espera poder lanzar al mercado nuevos cultivos tolerantes a Dicamba a partir de comienzos de la próxima década. Según el diario El Tiempo, de Colombia, para 2013: “Habrá futuro de película para la soja”. Objetivo prioritario, dado que en diversas regiones agrícolas sojeras de USA, Brasil y la Argentina han comenzado a presentarse malezas resistentes al herbicida glifosato. En la Argentina, investigadores del INTA detectaron 29 especies con distintos grados de tolerancia a glifosato.

La Oficina de Patentes de USA (US Patent and Trademark Office) concedió en abril y septiembre de 2006 dos patentes a la Universidad de Nebraska-Lincoln para la innovación denominada: “Métodos y materiales para elaborar y emplear organismos transgénicos con capacidad para degradar al herbicida Dicamba”.

“BASF es el mayor proveedor de Dicamba y soluciones a base del mismo. A fines de este año 2009, lanzará en América del Norte su exitoso herbicida KixorTM.

“La combinación de un segundo tipo de resistencia a herbicidas con la tecnología Roundup Ready ofrecería a los agricultores múltiples herramientas para el control de malezas mediante el uso de Roundup, Dicamba, o combinaciones de ambos herbicidas.” expresan desde Monsanto.

El pólen del transgénico viaja a kilómetros de distancias, contaminando cultivos tradicionales, lo que hace imposible su coexistencia, de ahí el rechazo mundial a los OMG. La tecnología “terminator” ha sido abandonada por ése motivo, a lo que el Dr Hery Daniell, de la Universidad de Auburn sugiere: ”En lugar de insertar un gen de resistencia a herbicida en el ADN nuclear, se lo transfiere al genoma del cloroplasto”,lo que evitaría la contaminación a través del polen, El artículo de la revista “Science” citado al principio también aborda ése tema.(3)

Probada toxicidad:

Dos casos clínicos atendidos en el HECA, Rosario, Argentina, en setiembre de 1993, de pacientes jóvenes residentes en área rural de Zavalla, Santa Fe, incluye un tercer paciente, hermano de uno de los anteriores.

Los tres tuvieron una exposición dérmica importante al Dicamba al atravesar un campo de trigo recientemente fumigado con MISIL (metsulfurón metil-dicamba), mojándose las ropas y no habiéndose lavado ni en ese momento ni en días posteriores. Hacen un cuadro de calambres musculares en región abdominal. El tercer paciente mencionado (16 años) agrega náuseas, vómitos, estado confusional y comportamiento agitado, evoluciona espontáneamente hasta que fallece en la guardia en forma súbita. No se pudo confirmar que su intoxicación con dicamba haya sido la causa de muerte, aunque no hubo ninguna otra alternativa etiológica más convincente. Los otros dos jóvenes a las 24 y 48 horas del alta, respectivamente, ingresaron nuevamente y presentaron cuadros clínicos similares: mialgias intensas y generalizadas (comienzan en miembros inferiores), gran decaimiento, irritación ocular, diaforesis profusa, fiebre y orinas oscuras. Dentro de las determinaciones bioquímicas encontradas permitió caracterizar al cuadro como Rabdomiólisis.

La rabdomiólisis, antes llamada necrosis muscular, es un síndrome que ocurre por destrucción del músculo esquelético con liberación del contenido de las células musculares en el plasma. Se puede manifestar por mioglobinuria (orina roja o marrón).

“Frente a una exposición severa al Dicamba, es necesario una conducta precavida que incluya observación clínica y pruebas de laboratorio, hasta 15 días posteriores. Resaltamos nuestros hallazgos por la ausencia de descripciones similares y por la valoración actual del Dicamba como un producto prácticamente inocuo”, manifestó uno de los médicos,miembro fundador de la Asociación Toxicológica Argentina.(4)

En el 2003,otro estudio publicado en Revista de la Sociedad Química de Méjico,evidencia la toxicidad crónica producida por el herbicida Dicamba y su derivado 2-metoxi-3,6-diclorobenzaldoxima por administración crónica en ratones. El herbicida Dicamba les ocasionó depresión, pero se recuperaron; sin embargo, la oxima los debilitó paulatinamente y además, a dosis alta desarrollaron un absceso piógeno encapsulado. Estudios histopatológicos de hígado y de riñón de los ratones tratados tanto con el herbicida como con su derivado, mostraron severos daños en los tejidos.

El 1 de abril de 2004, la ciudad de Toronto aprobó una ordenanza que prohíbe el uso de ése tipo de pesticida en todos los sitios públicos y privados, a empresas que se dedican al cuidado de parques y campos de golf. Penando con multas de hasta CND $5,000.00.

La Universidad del Valle, Colombia, por su parte, alerta sobre el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas por lixiviación de los herbicidas más frecuentemente aplicados en el cultivo de la caña de azúcar, entre ellos el dicamba.(5) Aún así está clasificado como producto “clase C” (moderadamente peligroso).

Somos “irresponsables y mentirosos”:

El Conicet, vive la segunda parte del documental “El mundo según Monsanto”, con amenazas, ”aprietes”, y abogados exigiendo los estudios de glifosato. Estudios que pronto serán completados,según Andres Carrasco, con más evidencias escalofriantes del asesino silencioso.

Mientras la UNL recopila casos de malformaciones por agroquímicos, la primera en Sudamérica, dando a conocer sus estudios realizados hace ocho años atrás, datos que una vez completados serán achacados de falsedad.

Dirán también que es mentira la investigación realizada por la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL, de 2006. Que es mentira el informe de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR, y del Northwest Coalition for Alternatives to Pesticides, que indicó efectos adversos del herbicida, en todas las categorías estándar de toxicología. Miente también el Hospital Italiano de Rosario, cuando afirma que "Existen relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a los agroquímicos". Mienten los estudios de Gilles-Eric Seralini y Robert Belle de Francia, y los de la Universidad de Pittsburg, USA. Miente el Hospital de Encarnación de Paraguay y el Hospital de Nayarit de Méjico en los estudios realizados, relatados en “Yuyo mentiras y veneno”.(6) Negando la evidencia que ya no pueden ocultar, algunos detractores como Aapresid defienden el uso del herbicida y cuestiona los informes técnicos del Conicet. “Un conjunto de irresponsables que están contra de la soja resistente al glifosato, que aportó al país U$S 22 mil millones, desde 1996?, manifestó su presidente,irresponsable él de semejante exabrupto.

Representando a la oligarquía sojera, Biolcatti acusó de ataque a la principal fuente de divisas afirmando que “no hay daño alguno con el glifosato”, priorizando el vil metal en detrimento de la salud.

“La Argentina sin soja sería como Venezuela o Arabia sin petróleo” disparó por su parte, el mercenario mayor, brindando con Roundup en la Bolsa de Comercio de Santa Fe. No conforme con la barbaridad expresada, y tratando de "sojifóbicos" a todo el que se oponga al desarrollo de su billetera, escudándose en Lino Barañao, expresó: “Que el cuerpo directivo del Conicet no avala los estudios de Carrasco, y que “los alimentos orgánicos produjeron centenares de muertos, por contaminación con microbios o toxinas naturales" (7), dando a entender que el transgénico es más sano que la leche materna.

Ante tan escatológica defensa del yuyo y el veneno, recuerdo una gran verdad de Gandhi: ”Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”. Algo que estos ciegos, sordos e ignaros difícilmente puedan aprehender y digerir.

Reformas sin formas:

Un proyecto de reformas a la ley 11.223 de Santa Fe, espera desde el 2004. Nuevos proyectos hay varios, todos deficientes. Cambiar algunos artículos no es suficiente, cuando hasta el título de ésa ley es erróneo. Los legisladores no entendieron nuestro mensaje, y en su “laguna mental” tampoco se permiten pedir ayuda. Los Ministerios de Medio Ambiente y de Producción se tiran la pelota dejando lo importante para más adelante, mientras nos distraen con el dengue, y la gripe porcina. El desconocimiento que tienen del tema es escandaloso, aún así, no dan un paso al costado. Salud no se juega y tienen mas evidencias del desastre sanitario que los otros dos organismos juntos.

El Senasa no da señales de rever la categorización del veneno, manifestando desde el organismo que “Normalmente no ofrece peligro”, siendo “normalmente peligroso” el organismo en sí, por desidia. Mientras tanto la Facultad de Ciencias Agrarias de Zavalla, dependiente de la UNR, sigue formando ingenieros agrónomos, al servicio de Monsanto,(8) Seguirán recetando glifosato, para fumigar cualquier cosa, además de la soja. Si no se lo recategoriza y se reforma la ley, a futuro recetarán también Dicamba, en dosis de todos los tamaños, desconociendo los efectos del herbicida y el agrocidio continuará… hasta que no quede nada por contaminar.

Entonces comerán dinero.

Autora: Graciela Cristina Gomez - Abogada(UBA) - Escribana(UNR
http://ecos-deromang.blogspot.com

Fuentes:

(1)(2)(3): Sciencie: “Dicamba Resistance: Enlarging and Preserving Biotechnology-Based Weed Management Strategies”, Intitute of Sience in Society: “Dicamba ¿listo para los cultivos transgénicos?, Grain: “Más herbicidas para sostener lo insostenible”, BuscAgro: “El herbicida Dicamba: un nuevo foco para la discusión ambiental”, Infocampo: “Monsanto busca un reemplazante para el herbicida glifosato”, Prensa Monsanto: “Basf y Monsanto desarrollarán en conjunto tecnologías con fórmulas a base de dicamba”, Hery Daniell, 1998: "Containment of herbicide resistance throught genetic engineering of the chloroplast genome". Nature Biotechnology. 16:345-348,”

(4): Sertox: Servicio de Toxicología del Sanatorio de Niños, Rosario, (J.C. Piola; D.B. Prada; D.C. Ezpeleta. Acta Toxicol. Argent. Año 1997, 7, 11-15): “Rabdomiolisis aguda por exposición percutánea a un herbicida en dos pacientes en Rosario, Argentina“

(5): Revista de la Sociedad Química de México, año 2003, Vol.47, Pag. 77-80, (Autores: Aoki, Kazuko; James, Guillermo; Jiménez, Luis; Romero, Artemisa; Shibayama, Mineko Journal): “Toxicidad crónica en ratones del herbicida Dicamba y su derivado 2-metoxi-3,6-diclorobenzaldoxima”, Futurewatch: ”La Municipalidad de Toronto y la ordenanza municipal sobre el uso de pesticidas”, Universidad del Valle Colombia, Postgrado en Ingeniería Sanitaria y Ambiental ”Análisis de Riesgo de Contaminación por Lixiviación de Plaguicidas de los Acuíferos de la Zona Plana de Valle del Río Cauca”.

(6): Ecos de Romang: “Doctor ¡grítelo más fuerte!, Universidad Nacional del Litoral: “Recopilan casos de malformaciones por agroquímicos”, Ecoportal: ”Confirman toxicidad del herbicida Roundup de Monsanto”

(7): Diario Victoria, "Aapresid cuestionó las críticas al glifosato”, Prodiario: ”Biolcatti: con el glifosato no hay daño alguno”, Clarin Rural: ”La ciencia en estado puro”, El litoral: ”La Argentina sin soja sería como Venezuela o Arabia sin petróleo”

(8): Página 12, "La empresa Monsanto apostó en serio por nuestra facultad", La Nación: ”Para el Senasa, el herbicida cumple con todas las normativas"

(fuente)

Glifosato Dra Gomez DICAMBA


LUIS ZARRANZ GLIFOSATO


Testimonio de Fabián Tomasi acerca de como la utilización de agrotóxicos afecto drástica mente su salud, la nota fue realizada por Rulli (Conductor del programa radial horizonte sur emitido por "Radio Nacional" e integrante del grupo de reflexión rural)


INVESTIGADOR DEL CONICET DENUNCIA

domingo, 3 de mayo de 2009
comentarios
Efectos nocivos del glifosato - 03/05/2009


ANDRES CARRASCO, PROFESOR DE EMBRIOLOGIA DE LA UBA, INVESTIGADOR DEL CONICET, DENUNCIANTE DE LOS EFECTOS DEL GLIFOSATO.
"Lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo"


Hace dos semanas denunció en Página/12 los efectos devastadores del compuesto herbicida sobre los embriones humanos. Esperaba una reacción, "pero no tan violenta": fue amenazado, le armaron una campaña de desprestigio y hasta afirmaron que sus investigaciones no existían. Carrasco contesta y renueva sus cargos contra las multinacionales químicas.

Por Darío Aranda, Página12 03/05/2009

Amenazas anónimas, campaña de desprestigio mediáticas y presiones políticas fueron algunas de las consecuencias de un doble pecado, investigar los efectos sanitarios del modelo agropecuario y, más grave aún, animarse a difundirlos. En el segundo piso de la Facultad de Medicina de la UBA trabaja Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular. Con treinta años de trabajo científico y académico, confirmó hace veinte días el efecto letal del glifosato en embriones, cuya marca comercial más famosa es Roundup, de la multinacional Monsanto. Sabía que vendría una réplica del sector, pero no esperaba que fuera de un calibre tan alto. "No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron", explica, en su oficina pequeña y luminosa. Pasaron dos semanas complejas, con una campaña de desprestigio que aún no termina. Prefirió el silencio y avanzar en nuevas pruebas. Hasta que pusieron en duda la existencia de su investigación. "Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria."

Veinte días atrás, cuando este diario difundió su investigación, ninguna empresa ni medio del sector retomó el tema. Pero tres días después se conoció otro hecho, inesperado: la Asociación de Abogados Ambientalistas presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia, por el cual solicitó la prohibición de uso y venta hasta tanto
no se investiguen sus efectos en la salud y el ambiente. Las empresas encendieron luces amarillas y comenzaron con comunicados, alarmadas por la posible baja de rentabilidad.
Cinco días después, el lunes 20, el Ministerio de Defensa prohibió la siembra de soja en sus campos, haciéndose eco del efecto nocivo del agrotóxico. Fue un hecho político inédito, una cartera nacional alertó sobre los males de los agroquímicos. En ese momento, empresas, cámaras del sector, medios de comunicación y operadores políticos declararon el alerta máxima. Nunca antes las multinacionales del agro y sus voceros habían reaccionado tan violentamente. Durante toda la semana montaron una campaña en defensa de los agrotóxicos y, al mismo tiempo, de desprestigio hacia las voces críticas. El temor de los sostenedores de los agronegocios es la prohibición de su agrotóxico más famoso, uno de los químicos emblema del modelo agropecuario actual.

Glifosato, toxicidad y reacciones

-¿Esperaba una reacción como la que se dio?

-No. Fue una reacción violenta, desmedida y sucia. Sobre todo porque no descubrí nada nuevo, sólo confirmé algo a lo que otros habían llegado por otros caminos. Por eso no entiendo por qué tanto revuelo de las empresas. Hay que recordar que el origen del trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos. Ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el trabajo de hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios; aun en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones.

-¿Los resultados son extrapolables a la salud humana?

-Los modelos animales de vertebrados que hoy se usan en la investigación embriológica tienen una mecánica del desarrollo embrionario temprano y una regulación genética
común. Los resultados deben ser considerados extrapolables cuando un impacto externo los altera. El mundo científico lo sabe, y funcionarios de los ministerios también. Por eso, cuando encontré esas evidencias surgieron dos cuestiones a resolver, cómo seguir la investigación para saber cuál es la mecanística de un efecto que altera la
forma normal del embrión, lo cual está en marcha. Y la otra decisión era cómo darla a conocer.

-¿Por qué la difusión se transforma en un problema?

-Porque no hay canales institucionales confiables que puedan receptar investigaciones de este tipo, con poderosos intereses en contra. Entonces la decisión personal fue
hacerla pública, ya que no existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que
dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y lo canaliza por
medios para ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva.

-¿Es una práctica común dar difusión a un avance científico antes de estar publicado en una revista científica?

-Es algo totalmente común. En el país hay instituciones que todos los días difunden sus progresos científicos, que hasta poseen agentes de prensa que difunden los avances; nadie los cuestiona y los medios de comunicación los replican sin preguntar. Difunden progresos, sin papers, sin publicaciones y está muy bien. Pero claro, esas difusiones no afectan intereses de grupos poderosos.

-Pero existe una tensión en el ámbito científico sobre cuándo dar a conocer un avance.

-La tensión es si la divulgación debería esperar a ser "aprobado" (remarco las comillas porque es todo un tema aparte, que lleva años). Ahora, si la investigación tiene
implicancias más allá de lo académico, afecta a la sociedad, el dilema moral es si me lo guardo hasta que termine el más mínimo detalle y mi narcisismo esté
satisfecho, o prendo el alerta. Yo decidí dar la alerta, e insisto en que no es nada nuevo, hay antecedentes claros como Robert Belle y Gilles-Eric Seralini, que han hecho
estudios con otros modelos, publicados, y con resultados más importantes que los míos. Lo que tendrían que hacer las instituciones, en vez de atacarme, como está sucediendo desde algunos funcionarios y las empresas, es informarse y comenzar a trabajar para remediar lo sucedido.

-Las empresas, y los medios, de los agronegocios sostienen que no hay estudios serios.

-Hay investigaciones en diversas partes del mundo y son muy serias, como las que acabo de mencionar. Las empresas y sus periodistas empleados descalifican una investigación, pero al mismo tiempo no escuchan la catarata de cuadros médicos palpables en las zonas sojeras; las provincias están plagadas de víctimas de agrotóxicos, pero ahí los diarios no quieren llegar, y mucho menos las empresas responsables.
No entiendo por qué mi relato tiene más importancia que el de las Madres de Ituzaingó (barrio de las afueras de Córdoba, emblema de la contaminación con agroquímicos). Los médicos de las provincias están desde hace años denunciando, los campesinos y las barriadas urbanas también. Y queda todo silenciado. Es una evidencia de la realidad y es incontrastable. Yo me inspiré en esa realidad y los resultados son los conocidos. Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas respecto de las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces
de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.

-¿Qué otros trabajos existen?

-Belle y Seralini en Francia. También hay trabajos de la Universidad Nacional del Litoral y de investigadores como Alejandro Oliva, de Rosario, que contó con la colaboración del INTA y Federación Agraria. Hay relevamientos de los doctores Rodolfo Páramo (Santa Fe) y Darío Gianfelici (Entre Ríos). No son muchos estudios, pero existen, son serios y están disponibles.

-¿Por qué el sector científico no estudia?


-Porque no en todo el mundo hay tan enorme cantidad de hectáreas con soja como se da en la Argentina. Hay casi 18 millones de hectáreas. Desde el punto de vista
ecotoxicológico, lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo.

Las corporaciones y la ciencia

-Se intentó deslegitimar su investigación diciendo que la UBA y el Conicet no sabían de su trabajo.

-La UBA y el Conicet son organismos de gestión, no tienen por qué conocer todo lo que hago yo o lo que hacen todos sus investigadores. Está dentro de nuestras facultades definir las líneas de trabajo, investigar y dar a conocer resultados. Es la lógica de la investigación. Por eso yo no tengo que pedir autorización para iniciar una idea o un tema nuevo y ellos no tienen por qué conocerlo, porque la ciencia no funciona con organismos fiscalizadores de los temas que elegimos. Forma parte de la libertad académica, nos movemos por hipótesis, preguntas y desarrollamos investigaciones. También se dijo que el Conicet, como institución, no suscribió a mi investigación. Y es verdad, porque no se lo pedí y no tiene por qué suscribir en el marco de una idea nueva dentro de la amplitud de un proyecto. Es lo que sucede en centenares de investigaciones que se realizan. Que quede claro, el Conicet no tiene responsabilidad sobre mis decisiones. Es una decisión personal, como corresponde, no institucional. Y está dentro de mis facultades. Tampoco se requiere autorización institucional para desarrollar investigaciones, aunque sabemos que algunas son más resistidas que otras.

-Son públicos los convenios entre Conicet y la minera Barrick Gold, y también con Monsanto, con la cual hasta contaban con un premio de investigación conjunto ("Animarse a Emprender"). ¿Las investigaciones que pudieran ser críticas con esos sectores son menos bienvenidas que otras?

-(Sonríe.) Prefiero no responder.

-¿Usted podría investigar para Monsanto?

-Desde ya. El Conicet y la UBA lo permiten. Es más, muchos científicos trabajan desde hace años para empresas de biotecnología bajo la figura de asesor-consultor, por la cual el Conicet permite hasta doce horas semanales que sus investigadores provean servicios al sector público o privado.

-Se acusa a su investigación de no estar validada en una publicación científica.

-Es una chicana barata, de cuarta, que sólo muestra el temor de las empresas. En el mundo científico es sabido que la validación de un trabajo no se da por su publicación en una revista del sector. Es más, los científicos somos testigos de errores e incluso fraudes que se publican en revistas especializadas. Muchas veces se publica algo y luego se demuestra que es erróneo. Y, por otro lado, muchas veces hay investigaciones que no se publican no porque sean malas, sino porque a la revista no le interesa, sea por línea editorial o intereses en juego. Un ejemplo personal: en 1984 descubrimos genes muy importantes para el desarrollo embrionario, genes Hox. Publiqué dos papers en Cell, una de las mejores revistas del mundo, y había quienes creían y quienes no. Tuvieron que pasar años para que la comunidad científica lo validara.

-El Laboratorio de Embriología es dependiente del Conicet.

¿Su trabajo tiene que ser validado por el Conicet?

-Que por favor quede claro, ni el Conicet ni un comité editorial validan investigaciones, lo que hacen es evaluar la evidencia que uno presenta y juzgan la solidez desde la
presentación. No tienen forma de verificar los resultados en forma práctica. La única certeza de una validación se da en que otros investigadores puedan repetir de forma
sistemática, y hasta perfeccionada, los resultados de la investigación realizada.

-¿Cuándo va a compartir su trabajo para ponerlo a discusión de la comunidad científica?

-En breve. Debo terminar algunos ensayos y estará listo. Lo que más quiero es pasárselo a colegas, investigadores que repliquen el trabajo. De hecho ya lo he compartido con pares del país y del exterior. Desde ya que debieran ser estudios independientes, no los provistos por las corporaciones o espacios del Estado a su servicio.

-¿Monsanto podría replicarlos?

-Si contrata investigadores idóneos, sí. No tengo dudas de que lo hará y todos sabemos a qué resultados llegarán.

-¿Cómo continuará la investigación?

-Ya confirmamos las malformaciones. Ahora estamos avanzando en conocer cuál es el mecanismo de acción, es un paso más.
Como es un trabajo científico, continuaré con el grado de libertad académica de que dispongo, tratando de ver cuáles son las causas mecanísticas y moleculares de las
observaciones hechas para publicar los resultados. Aparte del anfibio, que nos sirve de modelo, extenderemos los experimentos a otros modelos de desarrollo embriológico, como aves.

-¿Puede suceder que, con estas nuevas pruebas, los resultados difundidos -de malformaciones- no se repitan?

-No hay forma. Porque fueron experimentos controlados, en los que fuimos rigurosos. Y, además, porque ya hay evidencia científica que va en ese sentido. Por eso,
insisto, no descubrimos nada nuevo. Yo llegué a un resultado y creo en él. Si la comunidad científica llega a otra conclusión, bienvenido sea. El centro del problema no
debiera ser esta investigación. Sería querer tapar el sol con la mano. Yo sólo aporté un punto más a la discusión. Pero hay sectores que quieren cerrarla, ni siquiera por
convencimiento ideológico, sólo por conveniencia económica.

-Se acusa a su trabajo de usar un método erróneo con el glifosato, y que por eso los resultados son devastadores:

que las concentraciones de la experimentación nunca son las que eventualmente podría recibir un humano al ser aplicado en el campo. Hubo quien mencionó que "si ponemos gasoil en el vaso de leche, claro que ocasionará intoxicaciones, y no por eso se prohibirá el combustible".

-Ese tipo de afirmación tienen varias facetas. Por un lado, muestra desconocimiento biológico, lo cual es entendible para quien no se dedica a esta rama de la ciencia. Pero, en boca de los voceros de las corporaciones, también muestra una intencionalidad lejana a la inocencia, con intenciones de desprestigiar una estrategia de análisis mundialmente aceptada. Entonces sí me parece una comparación poco seria, maliciosa e hipócrita. Es sabido, tanto en la comunidad científica como en el sector agropecuario, que la aspersión del herbicida afecta ecosistemas, operando directa o indirectamente sobre insectos y otras especies animales cuando se ponen en contacto con el herbicida. O sea que además de células vegetales, también afectan organismos compuestos por células animales. Nuestros experimentos alertan que tanto el cóctel comercial como la droga pura en células animales generan alteraciones del desarrollo embrionario. Por lo tanto el glifosato dentro de la célula embrionaria altera el funcionamiento celular, tal como sucede en las células vegetales de las malezas. Por otra parte, ya está probado que los herbicidas se trasladan por la acción del viento. Es una prueba de la realidad, incontrastable, el padecimiento de familias de campos linderos y de barrios cercanos a las fumigaciones. Por lo tanto, el glifosato puede atravesar barreras respiratorias y/o placentarias y entrar a las células embrionarias, incluso existen avances científicos en esa dirección, como también existen registros de glifosato y de sus posibles metabolitos presentes en mujeres embarazadas. Esto podría correlacionarse con potenciales efectos malformativos. Por lo tanto, desentrañar si el glifosato puro inyectado tiene efectos sobre el comportamiento de células embrionarias animales durante el desarrollo era ineludible en una estrategia experimental correcta, e insisto que utilicé una estrategia de análisis clásica de la investigación científica.

-¿Cree que hay que prohibir el glifosato?

-En mi trabajo yo no planteo eso. Y no es de mi competencia proponer una medida de ese tipo. Lo único que afirmo, respaldado en 30 años de estudio en la regulación genética embrionaria, es que este producto genera alteraciones en el desarrollo, estoy seguro de eso.

-Sus resultados no se corresponden con la clasificación del Senasa o las recomendaciones de la Secretaría de Agricultura.

-Es un claro problema de ellos, que lo clasifican como de baja toxicidad. Todo lo contrario de lo que afirman estudios diversos, que confirman la alteración de mecanismos celulares y, sobre todo, contrario a lo que padecen familias de una decena de provincias. Es de locos pensar que no pasa nada.

APROBACIÓN EN TIEMPO RÉCORD DE LA SOJA

lunes, 27 de abril de 2009
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Qué rápido se hacen "a veces" las cosas ! - 27/04/2009



EL ESCANDALOSO EXPEDIENTE DE LA SOJA TRANSGENICA
Verano del ’96

La soja transgénica se autorizó en sólo 81 días del verano de 1996. De 136 folios del expediente, 108 son de Monsanto, en inglés y sin traducción. Solá invocó un dictamen jurídico que aún no se había firmado. Amenazas al investigador de los efectos del glifosato sobre los embriones. Otro estudio sostiene que su fumigación exterminó a los predadores naturales del mosquito vector del dengue. Según D’Elía, en presencia de Buzzi intentaron sobornarlo para bajar las retenciones.
Por Horacio Verbitsky

El expediente administrativo que fundamentó la autorización firmada en 1996 por Felipe Solá para introducir en la Argentina la soja transgénica de Monsanto resistente al herbicida glifosato tiene apenas 136 folios, de los cuales 108 pertenecen a informes presentados por la misma multinacional estadounidense. Ese trabajo está en inglés y en el apuro por llegar a una decisión predeterminada, la Secretaría de Agricultura ni siquiera dispuso su traducción al castellano. Se titula “Safety, Compositional, and Nutricional Aspects of Glyphosayte-tolerant Soybeans” y ocupa del folio 2 al 110 del expediente. Solá se apresuró a firmar la autorización apenas 81 días después de iniciado el expediente, el 25 de marzo de 1996, el mismo día en que los organismos técnicos plantearon serias dudas acerca de sus efectos sobre la salud y solicitaron informes sobre el estado de las autorizaciones en Europa. La resolución de Solá dice que intervino la Dirección General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía. Pero ese dictamen jurídico recién se firmó tres días después, el 28 de marzo. ¿Quién dijo que en verano decae la laboriosidad oficial?

Tiempo record
El subsecretario de Alimentos Félix Manuel Cirio informa el 3 de enero de 1996 al presidente del Instituto Argentino de Sanidad y Calidad Vegetal (Iascav), Carlos Lehmacher, que le envía los documentos que Monsanto presentó a la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) en Estados Unidos, “para que inicie las tareas de análisis y evaluación de dicho material en lo concerniente a Bioseguridad para consumo humano y/o animal”. No hay en el expediente tal análisis ni evaluación, sólo requerimientos de información, que Monsanto no respondió. Sin embargo el 12 de enero el Iascav comunicó a Monsanto que consideraba la posible introducción en el mercado de la soja resistente al glifosato (folio 111). El 26 de enero, el Director de Calidad Vegetal del Iascav, ingeniero agrónomo Juan Carlos Batista agregó en otra nota a Monsanto que sería importante conocer la contestación de la empresa a las observaciones de la agencia estadounidense de drogas y alimentos, FDA (folio 113). Ante la falta de respuesta, Batista insistió el 9 de febrero: “De persistir interés por la prosecución del trámite, agradeceré nos remita lo solicitado” (folio 115). No era falta de interés sino de preocupación por el procedimiento administrativo que estaba asegurado en la más alta instancia. De allí el expediente salta al 25 de marzo con la firma de la resolución 167 de Solá, quien no necesitó ni tres meses para llegar a una decisión trascendente para la economía y la salud pública.

“Efectos no deseados”
El apuro se intensificó en los últimos días: se violaron los procedimientos administrativos vigentes, se dejaron sin respuesta serios cuestionamientos de instancias técnicas y no se realizaron los análisis solicitados. El 25 de marzo, el Coordinador del Area de Productos Agroindustriales del Iascav, Ingeniero Agrónomo Julio Pedro Eliseix, dirigió la nota PRAI 113/96 a su colega director de Calidad Vegetal del Iascav, Juan Carlos Batista. Le comunicó que antes de seguir con la evaluación del producto presentado por Monsanto era necesario establecer ciertos criterios de evaluación para organismos modificados genéticamente (OMG), en términos de Identidad y Nutrición y acerca de la “aparición de efectos no deseados”, como “alergenicidad, cancerogénesis y otras toxicidades”. También recomendó que la empresa garantizara “un correcto rastreo y recupero de la mercadería”, para poder rastrearla y recuperarla en caso de problemas. El mismo día, Batista pidió informes sobre la posibilidad de que Europa declarara la inocuidad de la soja transgénica como alimento y autorizara su importación. Estos pasos quedaron sin respuesta ya que ese mismo día Solá autorizó en apenas 24 líneas que constan en el folio 135 del expediente, “la producción y comercialización de la semilla y de los productos y subproductos derivados de ésta, provenientes de la soja tolerante al herbicida glifosato”. Pero la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía recién dictaminó que Solá tenía facultades para suscribir ese acto administrativo el 28 de marzo, pese a lo cual el expediente le asignó dolosamente el folio 134. Es decir que el entonces secretario de Agricultura, Pesca y Alimentación concedió la autorización tres días antes de contar con el visto bueno de su asesor jurídico y sin esperar respuesta a las observaciones de peligro de sus técnicos. También después de la firma de Solá, el mismo 28 de marzo, la presidente del Instituto Nacional de Semillas, Adelaida Harries, informa que la soja resistente al glifosato cumple con los requisitos de inscripción en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares. En el folio 140 del expediente consta un documento que debería haberlo iniciado. Una semana después de concedida la autorización, el ingeniero Batista envía al presidente del Iascav un escrito sin membrete, firma ni identificación del autor titulado “Organismos modificados genéticamente. Consideraciones para su Evaluación”. Dice que influirán en la calidad de vida de las próximas generaciones y que “este avance en caminos aún desconocidos, obliga a que sean desandados con prudencia”. Sus productos “deberían ser pasibles de estudios que garanticen no sólo los aspectos de impacto medioambientales y nutricionales sino, fundamentalmente, los referentes a seguridad e inocuidad”. Entre esos estudios menciona “absorción, distribución y biotransformación de sustancias químicas ‘in vivo’ o ‘in vitro’, ensayos experimentales de toxicidad en animales, de corto, mediano y/o largo plazo”, nada de lo cual se hizo aquí. Estas gravísimas irregularidades deberían acarrear la nulidad de la resolución como acto lícito, arrojan tardía luz acerca del vicio de origen de la mayor transformación económico-social y política producida en el país en las últimas décadas y explican que Solá sea uno de los portavoces del bloque agrario que ahora intenta subordinar a sus intereses al conjunto de la sociedad argentina.

Solá invocó el 25 de marzo un dictamen jurídico que por entonces no existía. Recién se firmó tres días después.








Amenazas a un científico
Algunos de esos estudios recién se están haciendo ahora. Según el que realizó el investigador Andrés Carrasco, reproducido aquí hace dos semanas por el periodista Darío Aranda, el glifosato en dosis muy inferiores a las que se emplean en la agricultura produce gravísimas alteraciones embrionarias. El doctor en medicina Carrasco, de 63 años, trabaja desde hace casi treinta en desarrollo embrionario, fue presidente del Conicet y es Subsecretario De Innovación Científica y Tecnológica del Ministerio de Defensa. Realizó el experimento en su laboratorio de embriología molecular, con sede en el Instituto de Biología Celular y Neurociencias de la Facultad de Medicina, en la Universidad Nacional de Buenos Aires. La difusión de su estudio dio lugar a virulentas reacciones del lobby agromediático. Comenzó con una nota en Clarín de Matías Longoni, uno de los principales colaboradores del ex director del INTA y lobbysta sojero Héctor Huergo en el suplemento Clarín Rural, quien lo descalificó como “un supuesto estudio científico”. Siguió con una nota en La Nación, sobre un “estudio de supuesta validez científica”. Clarín está asociado con La Nación en la feria anual Expoagro, en torno de la cual se realizan cada año negocios por no menos de 300 millones de dólares vinculados con los productos transgénicos y sus encadenamientos económicos. A mediados de esta semana Carrasco fue víctima de un acto intimidatorio en la propia Facultad de Medicina, donde cuatro hombres llegaron hasta su laboratorio e increparon a una colaboradora de Carrasco. Dos de ellos, que parecían “muy nerviosos y exaltados”, se presentaron como miembros de la Cámara de la Industria de Fertilizantes y Agroquímicos y se negaron a dar sus nombres. Los otros dos dijeron ser abogado y escribano. En ausencia de Carrasco interrogaron a la investigadora y exigieron ver “los informes, los experimentos”, para lo que carecían de cualquier título. Dejaron una tarjeta del estudio Basílico, Santurio & Andrada a nombre del abogado Alejandro Felipe Noël. El decano de la Facultad de Medicina se solidarizó con Carrasco y le ofreció el asesoramiento del área jurídica de la facultad. Cuando desde la facultad llamaron al estudio para verificar la existencia del abogado recibieron la respuesta de que no estaba. Carrasco no oculta su indignación por la presencia amenazante de estas personas, que “no tienen derecho a hacer interrogatorios en un ámbito académico. Trataron de convertir en delito la difusión de mi trabajo, con una virulencia y agresividad enormes”. Por la noche encontró en el contestador de su teléfono insultos a “este señor que no quiere mostrar el informe”. Carrasco explica: “Si yo sé algo no me voy a callar la boca. En todo caso pongo en juego mi prestigio entre mis pares. Si lo que digo es falso, yo resultaré perjudicado, si es verdad, compartamos los beneficios de saber”. El 16 de abril esa cámara (Ciafa) y la de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) dijeron en una declaración conjunta que para el Senasa el principio activo glifosato en su uso normal está dentro del grupo de activos de menor riesgo toxicológico y se lo utiliza con éxito en todo el mundo. Aprobado por los organismos de protección ambiental de Estados Unidos y Europa, se comercializa en más de 140 países. Agregan que no presenta efectos nocivos sobre la fauna, la microfauna ni la salud humana, ni tiene efectos inaceptables para el ambiente.

Todos nos beneficiamos
El dirigente de la Federación de Tierra y Vivienda Luis D’Elía dijo a este diario que durante una reunión propiciada por el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, Huergo le sugirió que recibiría beneficios económicos si colaboraba con la reducción de las retenciones a la exportación de la soja de laboratorio. El diálogo ocurrió en noviembre de 2007, cuando el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner elevó la alícuota del 27 al 35 por ciento, es decir varios meses antes de que la presidente CFK y el ministro de Economía Martín Loustau implantaran las retenciones móviles. D’Elía dice que el encuentro se produjo cuando él había renunciado a la Comisión Nacional de Tierras y su relación con el gobierno nacional parecía quebrada, a raíz de sus declaraciones sobre el conflicto en Medio Oriente. Buzzi, con quien en 2001 había formado parte del Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo), le pidió que lo acompañara a una entrevista en los estudios de Canal Rural, con el ingeniero Huergo, y luego los tres fueron a desayunar. Buzzi le dijo que Huergo era “un fenómeno” y que podía ayudarlos a financiar toda la actividad a favor de las reivindicaciones de la Federación. Esos reclamos que D’Elía apoyaba, contra la concentración y la extranjerización de la tierra y a favor de una nueva ley de arrendamientos, no aparecieron en la conversación. “Me fui dando cuenta de que el punto principal que planteaban era la rebaja de las retenciones a la soja. Querían el apoyo de los movimientos sociales para eso”, dice D’Elía. Agrega que Huergo le guiñó un ojo mientras le decía: “Hay que defender la soja y con la soja tenemos que ganar todos, ¿me entiende?”. D’Elía concluye: “creyeron que como estaba mal con el gobierno me sumaría. Pero conmigo se equivocaron”.

La soja y el dengue
Un trabajo reciente del ingeniero agrónomo Alberto Lapolla vincula la epidemia de dengue con la sojización. Desde hace años se advierte una invasión de mosquitos de las especies Aedes y Culex en lugares del país y épocas del año inhabituales, como la pampa húmeda mucho más allá del verano. En 2008, la invasión se extendió hasta mayo, pese al descenso de la temperatura. Ya en 2007 y 2008 hubo casos de fiebre amarilla en Bolivia, Paraguay, Brasil y el Norte argentino, que entonces se adjudicaron a viajeros, porque es confortable pensar que el mal siempre viene de afuera. Con la epidemia de dengue de este año se hizo evidente que la invasión incluía al temible Aedes aegypti, vector de la fiebre amarilla y el dengue. El estudio de Lapolla señala la equivalencia del mapa de la invasión mosquitera con el de la República Unida de la Soja, según la definición de la multinacional Syngenta: Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, donde el poroto transgénico de Monsanto se fumiga con el herbicida glifosato, y sus compañeros de ruta, 2-4-D, Atrazina, Endosulfán, Paraquat, Diquat y Clorpirifós. Todos los venenos mencionados “matan peces y anfibios, sapos, ranas, escuerzos, etc., es decir los predadores naturales de los mosquitos, de los que se alimentan tanto en su estado larval como de adultos”. Esto se comprueba en “la casi desaparición de la población de anfibios en la pradera pampeana y en sus cursos de agua principales, ríos, arroyos, lagunas y bosques en galería, así como el elevado número de peces que aparecen muertos o con deformaciones físicas y graves afectaciones en su capacidad reproductiva”, como han informado reiterados estudios e investigaciones. A esto debe sumarse la deforestación en las áreas boscosas y de monte del Noreste y el Noroeste, que destruyó su equilibrio ambiental, “liquidando el refugio y hábitat natural de otros predadores de los mosquitos, lo cual permite el aumento descontrolado de su población”. Hace dos semanas visitó la Argentina la periodista francesa Marie-Monique Robin para la presentación de su libro El mundo según Monsanto, recién traducido al castellano. La ministra de Salud Graciela Ocaña la invitó a conversar, pero no pudo asistir a la cita porque fue llamada desde la presidencia por la irrupción de la epidemia de dengue. En su lugar, la audiencia se realizó con el secretario de Determinantes de la Salud y Relaciones Sanitarias, Licenciado Alberto Hernández. “Fue muy simpático y amable, pero no tenía la menor idea del tema. Al punto que me preguntó por qué había tantas fumigaciones”, fue el azorado comentario de la investigadora.
(fuente)