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BOTNIA NO DA "PUNTADA SIN HILO"

sábado, 4 de abril de 2009
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Contaminar es negocio para éstos ! - 04/04/2009



Botnia y el mercado de Carbono
Las debilidades de un mecanismo en discusión a nivel internacional


El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) ha sido promovido como un mecanismo útil para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y transferir recursos a los países en vías de desarrollo. La experiencia desarrollada hasta ahora muestra que el alcance de este mecanismo está lejos de cumplir con las expectativas creadas en torno a su creación y confirma algunos de los temores existentes sobre su eficacia. Durante todo este año, la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas estará discutiendo este tema en el marco de sus definiciones“pos-Kioto” que se tomarán en diciembre. Desde esta contratapa del Suple estaremos siguiendo este debate.

Muchas son las debilidades mostradas en la corta vida del MDL. En este número del Suple Energía queremos concentrarnos en una de las preguntas principales: ¿Realmente reduce emisiones el MDL? Y como estudio de caso tomaremos uno muy cercano: Botnia

El problema de la adicionalidad
El Protocolo de Kioto establece unos límites específicos de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para los países industrializados (los llamados Anexo 1 por encontrarse listados en ese apartado de la Convención). Para ayudarlos a cumplir con estos compromisos del Protocolo establece algunos Mecanismos de Flexibilización, entre ellos el MDL, que permite a estos países “comprar” reducciones realizadas en terceros países, en el entendido de que la atmósfera es una sola y es indiferente el sitio del planeta en el que la reducción se realiza.

El fundamento del MDL es el principio de equivalencia entre reducciones realizadas en los países No-Anexo 1 y permisos de “sobre-emisiones” en los países del Anexo 1 de la Convención. Es decir, las reducciones logradas en los países en vías de desarrollo (no Anexo 1) permiten una emisión equivalente de GEI en los países desarrollados (Anexo 1) por encima de los límites acordados en el Protocolo de Kioto. La existencia de proyectos que no reduzcan efectivamente emisiones de GEI resultará en emisiones globales por encima de lo esperado con las conocidas consecuencias derivadas del cambio climático.

Para evitar esta situación, a los proyectos MDL se les exige cumplir con la condición de “adicionalidad”, es decir, deben asegurar que en un escenario “normal” o “tendencial” habría una cierta cantidad de emisiones de GEI que el proyecto propuesto va a evitar.

Esto conduce a uno de los mayores problemas que enfrentan los proyectos de MDL: la elaboración de la llamada “línea de base” que estime como será el futuro. Se trata de describir cual es la trayectoria esperada de emisiones “en ausencia del proyecto”, paramluego estimar las emisiones que serán reducidas por el proyecto.

El caso BOTNIA
Esta condición de adicionalidad es muy débil en varios de los proyectos actualmente en ejecución en el mundo. En este artículo analizaremos brevemente un caso en particular –el de la planta de generación de electricidad de la fábrica de celulosa Botnia- para ilustrar una de las dificultades con la que se topa el MDL en su intento de evitar emisiones globales, y que los nuevos acuerdos pos-Kioto pretenden evitar.

Lo que iría a ocurrir, no ocurrirá
En el caso del proyecto MDL de Botnia (FBBP: Fray Bentos Biomass Power Generation), la suposición para la elaboración de la línea de base fue que todas las nuevas incorporaciones para generar electricidad en Uruguay serían en base a combustibles fósiles (ver Documento de Diseño de Proyecto en www.unfccc.int). Con base en este diagnóstico, los formuladores del proyecto calcularon las emisiones del sector eléctrico del Uruguay considerando que todas las nuevas usinas eléctricas hasta el año 2027 serían en base a termoeléctricas en base a hidrocarburos. Sin embargo, a poco de haber sido aprobado este proyecto, el Ministerio de Industria, Energía y Minería del Uruguay presentó su plan de incorporación de 500 MW a partir de fuentes renovables: eólica, mini-hidráulicas y biomasas para el año 2015.

Estos futuros 500 MW a instalarse representan un 25% de la capacidad instalada en el país y es equivalente a todas las centrales térmicas actualmente operativas. Por lo tanto es dudoso que el proyecto aprobado a Botnia vaya a reducir efectivamente todas emisiones previstas, pues en un escenario “en ausencia del proyecto” la generación no hubiera tenido la carga fósil que la línea de base estimó. La diferencia entre las emisiones que se previeron reducir y las reducidas efectivamente, dependerá de la premura con que entren en operación las nuevas plantas de fuentes renovables (a la fecha ya hay más 60 MW de esos nuevos proyectos instalados).

Si finalmente resultara -como parece que resultará- que el proyecto FBBP reduce menos emisiones que lo previsto, se estaría permitiendo una emisión “extra” en los países del Anexo 1 suponiendo que hay una reducción equivalente en Uruguay (no anexo 1) que por lo visto anteriormente, no ocurrirá.

Lo que nunca ocurriría, hubiera ocurrido
El otro gran equívoco en la línea de base del proyecto MDL de la empresa Botnia es suponer que “en ausencia del proyecto” -es decir, si no se contara con la financiación suplementaria que otorgará la venta de certificados de carbono a través del MDL- la planta a instalarse hubiera tenido una caldera “convencional” menos eficiente. De acuerdo a la información suministrada en el documento del proyecto, la instalación de una caldera convencional no le hubiera permitido a la empresa disponer de un excedente para comercializar a través de la red eléctrica. La decisión de instalar una caldera de mayor eficiencia (no convencional) tiene unos costos o barreras adicionales que el MDL debe compensar.

Según la empresa, la nueva caldera es una tecnología de última generación que no está disponible en Uruguay,  lo cual supone una barrera tecnológica que justifica la adicionalidad del proyecto. Este tipo de justificación sería aceptable en el caso de una empresa local, de limitado poder económico y escaso acceso a tecnología. Pero es bastante poco probable en el caso de una empresa como Botnia, que factura 1600 millones de euros al año y está presente en varios países del mundo (http://www.botnia.com/es/).

Por otra parte, la selección de esta tecnología le proporciona a la empresa un beneficio neto que por sí solo justifica la inversión. El documento de evaluación del proyecto presentado en su oportunidad por ONGs uruguayas señala: “Analizando los datos de la evaluación económica y financiera del proyecto propuesto, la diferencia entre aplicar la nueva tecnología y la “convencional” representa un beneficio neto para la empresa de aproximadamente 15 millones de dólares sin incluir los ingresos por la venta de los certificados de carbono. Es decir, de no aplicarse la moderna y eficiente tecnología que propone el proyecto FBBP, el inversor dejaría de percibir este importante beneficio, razón por la que no parece sensato suponer que esta planta hubiera sido planificada de otra manera” (www.uruguayambiental.com).

Estos datos evidencian que la opción tecnológica adoptada por Botnia para su planta de generación de electricidad, es la que hubiera ocurrido de todos modos y no representa ninguna reducción de emisiones adicional a la que se hubiera dado en ausencia del proyecto.

El mejor de los casos

Vale la pena aclarar que todo el proceso de aprobación de este proyecto ha pasado por todos los procedimientos requeridos por Naciones Unidas y un régimen de aprobación nacional que es uno de los más rigurosos en el mundo en desarrollo (ver “Requisitos para la presentación nacional de un proyecto MDL a la DINAMA” en www.cambioclimatico.gub.uy).

Es decir que, es muy probable que este proyecto analizado, no logre finalmente cumplir con la condición de reducir efectivamente emisiones de GEI con relación al escenario de referencia, aunque haya pasado por todos los procedimientos previstos tanto a nivel nacional como internacional.

Es por este tipo de problemas que el futuro del MDL es aún imprevisible y forma parte principal de las negociaciones que culminarán en diciembre de este año en la 15ª Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático en Copehague.

Gerardo Honty


Grupo Guayubira
Maldonado 1858
Montevideo 11200 - Uruguay
tel: 413 2989 - fax: 410 0985
http://www.guayubira.org.uy
e-mail: info@guayubira.org.uy

(fuente)

CUMBRE DEL G20

martes, 31 de marzo de 2009
comentarios
Reducir el CO2 urgente ! - 31/03/2009



Carta de Greenpeace a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner por Cumbre del G20
01 abril 2009

Para prevenir el caos climático, Greenpeace reclama que los países industrializados se comprometan a reducir sus emisiones en conjunto en un 40% en relación a niveles de 1990 para el 2020.

BUENOS AIRES, Argentina — Greenpeace solicita a los líderes del G20 una decisión conjunta para enfrentar la depresión económica y el cambio climático en forma simultánea.

Buenos Aires, 31 de marzo de 2009

Presidencia de la Nación Argentina
Sra. Presidente Cristina Fernández de Kirchner
Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto

Sr. Canciller Jorge Enrique Taiana

Estamos viviendo un momento decisivo en la historia contemporánea. La economía mundial atraviesa un tiempo en el que la desregulación financiera, la especulación y el crecimiento económico sin límites que beneficia solo a unos pocos sectores, han colocado a las naciones del mundo en una gran recesión económica. Al mismo tiempo, la amenaza del cambio climático se torna cada vez más clara y son ya evidentes los impactos de la acumulación de las emisiones de CO2 en la atmósfera, generando el incremento en el nivel del mar; provocando el derretimiento de glaciares y masas de hielos permanentes, poniendo en crisis ecosistemas esenciales, incrementando la pobreza, causando la extinción de especies y generando escasez de agua y alimentos.

En este contexto, es necesario recordar que mientras los líderes del G20 pueden representar al 85% de la economía global, sus acciones y decisiones afectarán a los 172 países no representados en esta cumbre, muchos de los cuales son lo más pobres y más vulnerables a la crisis económica y al cambio climático.

El ya reconocido “Informe Stern: sobre la Economía del Cambio Climático”(1), el más acabado y completo estudio llevado a cabo en relación al costo económico del cambio climático, ha estimado en un 20% del PBI mundial el costo de los impactos del cambio climático. Esto significa que las consecuencias de este caos climático pueden costar mucho más que la Gran Depresión y las dos guerras mundiales juntas- a lo que debemos sumar el costo en vidas humanas y daños de ecosistemas y extinción de especies. Por lo tanto, es claro que si los líderes del G20 están pensando en cómo enfrentar la actual crisis económica mundial, generar una economía estable y crear fuentes de trabajo estables, ambas crisis –la económica y la climática- deben enfrentarse simultáneamente.

Como contraparte, Nicholas Stern estima que abordando de inmediato el cambio climático e invirtiendo en tecnologías que aporten a la disminución de las emisiones de gases que provocan el calentamiento global, solo se necesitaría una pequeña fracción de ese costo total: solo 1 o 2% del PBI mundial. La forma más rápida y eficiente de generar fuentes de trabajo, dar impulso al crecimiento económico sustentable, brindar seguridad y estabilidad económica y social para todos los habitantes del planeta, es afrontar la actual recesión económica mundial y el cambio climático de manera conjunta y sin más demoras.

Los líderes del G20 tienen una inédita oportunidad de enfrentar la recesión económica y el cambio climático simultáneamente. Es una oportunidad que no puede desaprovecharse. Como primer paso, los líderes del G20, EEUU, la Unión Europea y los demás países con altos ingresos de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (ODCE) deben comprometer al menos un 1% de su PBI para hacer sustentables sus economías y deshacerse de subsidios y otros incentivos económicos a actividades y tecnologías que contribuyen al cambio climático. El resto de los países representados en el G20 deben hacer todo lo que esté a su alcance para evitar continuar en la vía de un desarrollo sucio basado en combustibles fósiles y cambiar a un futuro energético sustentable (energías renovables y eficiencia energética).

Hace solo unos pocos años atrás podíamos suponer que el límite de calentamiento global de 2 grados, por encima de los niveles preindustriales, podía salvarnos del caos climático.

A la luz del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC y las más recientes investigaciones científicas, esta suposición ya no es tal. Una actualización del conocido grafico “Reasons of Concerns”(2), realizado recientemente, hace este dramático mensaje claro y transparente. Al mismo tiempo el crecimiento de las emisiones globales en los años recientes ha seguido las peores predicciones y nos están conduciendo a un aumento de 6 grados.

Esto significa que, tanto en los acuerdos que el G20 adopte, así como en las próximas negociaciones relativas a la crucial reunión sobre cambio climático a realizarse en Copenhague, se debe asumir que:

o Para prevenir el caos climático, el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero y la temperatura global deben ser detenidos tan pronto como sea posible y revertido en una tendencia decreciente. Un calentamiento de hasta 1.5 grados encima de los niveles preindustriales puede conducirnos a peligrosos, irreversibles e inaceptables impactos para los seres humanos y la naturaleza; y

o Las reducciones de emisiones deben ser más grandes y rápidas que las previamente pensadas. El crecimiento de las emisiones globales debe ser detenido hacia 2015, revertido y colocado en una tendencia decreciente antes de 2020 y declinando tan cerca de cero como sea posible en 2050.

Esto significa que algunas acciones concretas a ser abordadas deben ser:

o Concluir que para prevenir el caos climático los países industrializados, como grupo, deben reducir sus emisiones en conjunto en un 40% en relación a niveles de 1990 para el 2020.

o Acordar la magnitud de los fondos que los países industrializados proporcionarán para la financiación en adaptación y en mitigación en países en vías de desarrollo.

Greenpeace cree que la cantidad total de los fondos que se necesitan para adaptación, protección de bosques y promoción de tecnologías limpias necesita ser de al menos €110 mil millones anuales.

o Ningún nuevo mecanismo de mercado debe incluir el uso de los créditos de compensación por bosques y selvas. Los esfuerzos para reducir las emisiones por deforestación y degradación (REED) deberían conducir a asuntos específicos relacionado con bosques y selvas incluyendo permanencia, escape; biodiversidad y los derechos indígenas y otras comunidades tradicionales dependientes de los mismos.

La actual crisis económica no puede ser vista de forma separada del crecimiento del caos climático. Todas las acciones y discusiones acerca de cómo rescatar a la economía global proporciona a los líderes mundiales la oportunidad de plantear el desarrollo de iniciativas económicas basados en la reducción de gases de efecto invernadero y contribuir de esta manera a la generación de trabajos basados en una economía sustentable.

Por el contrario, pretender sostener un futuro en base a energías fósiles nos profundizará la crisis climática haciendo que los problemas económicos de hoy sean triviales en comparación a los que tendremos en el futuro a causa del cambio climático.

La oportunidad de actuar con determinación es ahora.

Agradecemos a Usted por prestar atención a este crucial problema. Deseamos que estellamado de Greenpeace sea además tenido en cuenta de cara a las negociaciones internacionales que se llevaran a cabo de cara a Copenhague en diciembre de este año.

Juan Carlos Villalonga
 Director Político
 Greenpeace Argentina

 Martín Prieto
 Director Ejecutivo
 Greenpeace Argentina


(1) El “Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático” (Stern Review on the Economics of Climate Change) publicado en octubre del 2006, fue encargado por el gobierno del Reino Unido al economista Sir
Nicholas Stern, un antiguo miembro del Banco Mundial. El documento advierte sobre los posibles impactos económicos del cambio climático en caso de no controlarse el nivel de emisión de los gases de efecto invernadero. El Informe Stern propone la posibilidad de reducir las emisiones mediante una mejora de la eficiencia en el uso de la energía, la introducción de cambios en la demanda de productos, generando una mayor conciencia de la necesidad de consumir productos de baja emisión de carbono y la adopción de tecnologías más limpias en los sectores de la energía, calefacción y transporte. Asimismo, hace especial hincapié en la necesidad de estrategias políticas firmes que motiven estas medidas y destaca la importancia de generar una respuesta internacional basada en una visión compartida respecto a los objetivos y el marco en el que actuar.

(2) Joel B. Smith, Stephen H. Schneider, Michael Oppenheimer, Gary W. Yohe, William Hare, Michael D. Mastrandrea, Anand Patwardhan, Ian Burton, Jan Corfee-Morlot, Chris H. D. Magadza, Hans-Martin Füssel, A. Barrie Pittock, Atiq Rahman, Avelino Suarez, and Jean-Pascal van Ypersele: Assessing dangerous climate change through an update of the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) "reasons for concern". Proceedings of the National Academy of Sciences. Publicado enfebrero 26 de 2009,doi: 10.1073/pnas.0812355106.
http://www.pnas.org/content/early/2009/02/25/0812355106.full.pdf

(fuente)

CAEN EMISIONES DE CO2

2 comentarios
Sucedió por la crisis, no por decisión ! - 31/03/2009



Las emisiones de CO2 caen un 40% y cumplen con Kioto por primera vez
Sólo cuatro de las grandes plantas rebasaron las cuotas asignadas
M. FERNÁNDEZ / J. RODRÍGUEZ - Vigo / A Coruña - 31/03/2009


La depresión económica se está aliando con el clima. Las emisiones de gases efecto invernadero de las principales empresas contaminantes, responsables el año pasado de ocho de cada diez toneladas autorizadas, han caído un 40%, lo que hará que por primera vez la comunidad autónoma pueda cumplir los objetivos de Kioto. El descenso del consumo, la colocación de molinos de viento, el alto precio del petróleo durante buena parte del año y el coste de la tonelada de CO2 en el mercado, que llegó a los 29 euros en verano (ayer cerró a 10,6 euros), han ayudado a recortar drásticamente las emisiones.

Fenosa se quedó muy por debajo de su asignación en Meirama.
Endesa emitió 1,6 millones de toneladas más de las permitidas.

Aunque analizando cada caso algunas industrias siguen teniendo un suspenso. Las centrales de Endesa en As Pontes, las dos de Fenosa en Sabón (ciclo combinado y fuel) y la fábrica de Cementos Cosmos en Ourol, que están entre las que más contaminan, emitieron 1,9 millones de toneladas de CO2 por encima de su asignación, que anualmente publica el Ministerio de Medio Ambiente y que el año pasado fue de 5,9 millones de toneladas.

Para ajustarse a la normativa verde, las industrias tuvieron dos formas de compensar el exceso: hacerlo mediante asignaciones no consumidas en otras plantas de su propiedad (caso de Cementos Cosmos) o acudir a la plataforma de negociación SendeCO2, que funciona de forma parecida a la bolsa de valores.

Contaminar no les salió barato. La cotización de EUAs (derechos de emisión de dióxido de carbono) media en España el año pasado fue de 22 euros por tonelada, por lo que el valor del excedente alcanzó los 42 millones de euros.


Por fábricas, la de carbón de Endesa en As Pontes fue responsable ella sola del 43% de todas las emisiones autorizadas en la comunidad autónoma.


La gran chimenea de Galicia y la novena de Europa, donde se genera nada menos que un 6% de la energía que fluye por el tendido eléctrico español, tuvo que comprar derechos equivalentes a 1,66 millones de toneladas de CO2 para lanzar al aire 6,9 millones de toneladas de gases efecto invernadero.

La eléctrica, que acaba de recibir el mayor cargamento por barco de la historia del puerto de Ferrol (161.000 toneladas) afronta el incremento de las importaciones de carbón una vez que As Pontes ha abandonado el lignito local y consume sólo hulla importada. De acuerdo con la propia compañía, la transformación de la central térmica, operación que ha requerido la inversión de 230 millones de euros, ha permitido reducir la generación de CO2 en un 17% con respecto a las de 1990, año de referencia para el Protocolo de Kioto.

El caso de Fenosa es peculiar: se pasó en Sabón y se quedó muy corta en Meirama. Ocurrió porque su estructura productiva en Galicia dio un vuelco el año pasado. Y lo hizo por dos motivos, que tuvieron una incidencia directa en sus emisiones a la atmósfera. De un lado, la práctica inutilización de la central térmica de Meirama, en Cerceda, debido a su reconversión del lignito pardo al de importación, llevó a un drástico recorte de sus emisiones, cifradas en 1,6 millones de toneladas, un 93% menos respecto al año anterior.


Fuentes de la eléctrica, que indican que la planta estuvo gran parte del año sin funcionar, señalan que además utilizó un carbón menos contaminante procedente de Indonesia y otros países asiáticos, "lo que indudablemente redundará en el cumplimiento del plan de asignaciones en el futuro". La otra cara de la moneda estuvo en el ciclo combinado de Sabón (que emplea gas), y la generación de fuel. Con una asignación de 309.000 toneladas sus chimeneas liberaron en su primer año de actividad casi 100.000 toneladas más de las autorizadas.

Compensados los excesos con la importante caída de emisiones registrada en Meirama, cuando en abril se recuenten los datos de contaminación de las 59 plantas gallegas sujetas a asignaciones máximas, Galicia habrá terminado 2008 con menos emisiones tóxicas de las permitidas. Empresas ligadas a la construcción, como cementeras o cerámicas, que en los últimos años agotaban la práctica totalidad de lo que les asignaba el ministerio, se han visto afectadas por la crisis.


Otras, como PSA Peugeot Citroën, Ence, o las siderúrgicas, redujeron drásticamente sus pedidos y, en consecuencia, sus gases. Le ocurrió a la única refinería gallega, la de Repsol en A Coruña, que recortó en 2008 un 17,5% sus emisiones respecto a la asignación aprobada, que cifraba para este periodo un cupo de 1,6 millones de toneladas.

Estos números sitúan a la planta por debajo del límite establecido por el Gobierno desde la entrada en vigor del Protocolo de Kioto. Repsol asegura que la disminución en la refinería coruñesa ha sido progresiva durante los últimos años, "arrojando una reducción de más de 678.000 toneladas en cuatro años", en el período comprendido entre 2005 y 2008. Según fuentes del grupo, este descenso de emisiones "es fruto del esfuerzo en planes de mejora de la eficiencia energética con una inversión media anual de más de tres millones de euros".
(fuente)